jueves, 29 de abril de 2010

MARTES DE LA CUARTA SEMANA DE PASCUA: Jesús, Buen Pastor, nos lleva la Iglesia madre, santuario de Cristo y salvación, y María es quien nos acompaña y la fortaleza que nos protege


Antioquia es, después de Roma y Alejandría, la tercera ciudad del
Imperio romano (con medio millón de habitantes, y una numerosa colonia
judía), centro de gran importancia cultural, económica y religiosa;
fue la primera gran urbe del mundo antiguo donde se predica el
Evangelio. La fundación de la Iglesia en Antioquía, capital de Siria y
entonces en pleno país pagano es una etapa principal en la expansión
de la Iglesia. Cuando parecía que los acontecimientos iban a señalar
el final de la comunidad de Jesús, por la persecución de Esteban y la
dispersión que le siguió resultó que la Iglesia empezó a sentirse
misionera y abierta. Los discípulos huidos de Jerusalén fueron
evangelizando -anunciando que Jesús es el Señor- a regiones como
Chipre, Cirene y Antioquía de Siria. Primero a los judíos, y luego
también a los paganos: "Los que se habían dispersado a causa de la
persecución ocurrida con ocasión de Esteban, llegaron hasta Fenicia,
Chipre y Antioquía, predicando sólo a los judíos. Pero había entre
ellos algunos chipriotas y cirenenses, quienes, llegados a Antioquía,
se dirigieron también a los griegos, anunciando a Jesús, el Señor. El
Señor estaba con ellos, y un gran número creyó y se convirtió al
Señor". Problema típico de todos los tiempos: el respeto a la
diversidad: los «griegos», paganos, tienen una mentalidad totalmente
distinta a la de los judíos… "anunciándoles el Evangelio del Señor
Jesús...": es decir, que Jesús es Dios (no Mesías de un solo pueblo,
sino que su dominio es sobre todos los hombres).
Dios dirige la Iglesia, se sirve de todo para que la cosa vaya hacia
el bien. "Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y
enviaron a Bernabé a Antioquía". No se contentan con "crear" nuevas
Iglesias locales, la comunidad de Jerusalén cuida de incorporarlas a
la unidad de la Iglesia única. «Creo en la Iglesia, Una, Santa,
Católica y Apostólica». Se crean lazos entre una y otra comunidad, así
se «envía a Bernabé», que pertenecía a la comunidad de Jerusalén, a la
comunidad de Antioquía... Aparece aquí un personaje muy significativo
del nuevo talante de la comunidad: Bernabé. Era de Chipre. Había
vendido un campo y puesto el dinero a disposición de los apóstoles.
Había ayudado a Pablo en su primera visita de convertido a Jerusalén,
para que se sintiera un poco mejor acogido por los hermanos. Era
generoso, conciliador: y éste vio en seguida la mano del Espíritu en
lo que sucedía en aquella comunidad, se alegró y les exhortó a seguir
por ese camino. Más aún: fue a buscar a Pablo, que se había retirado a
Tarso, su patria, y lo trajo a Antioquía como colaborador en la
evangelización. Bernabé influyó así decisivamente en el desarrollo de
la fe en gran parte de la Iglesia. También la comunidad cristiana de
ahora debería imitar a la de Antioquía y ser más misionera, más
abierta a las varias culturas y estilos, más respetuosa de lo
esencial, y no tan preocupada de los detalles más ligados a una
determinada cultura o tradición. La apertura que el Vaticano II supuso
-por ejemplo, en la celebración litúrgica, con las lenguas vivas y una
clara descentralización de normas y aplicaciones concretas- debería
seguir produciendo nuevos frutos de inculturación y espíritu
misionero. Nuestra comunidad sigue necesitando personas como Bernabé,
que saben ver el bien allí donde está y se alegran por ello, que creen
en las posibilidades de las personas y las valoran dándoles confianza,
que se fijan, no sólo en los defectos, sino en las fuerzas positivas
que existen en el mundo y en la comunidad. Personas conciliadoras,
dialogantes, que saben mantener en torno suyo la ilusión por el
trabajo de evangelización en medio de un mundo difícil. Esto tendría
que notarse hoy mismo, en nuestra vida personal, al tratar a las
personas y valorar sus capacidades y virtudes, en vez de constituirnos
en jueces rápidos e inclementes de sus defectos. Deberíamos ser, como
Bernabé, conciliadores, y no divisores en la comunidad.
"Al llegar y ver la gracia de Dios, se llenó de alegría y exhortaba a
todos a perseverar con un corazón firme, fieles al Señor, porque era
un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran
multitud se unió al Señor. Se fue a Tarso en busca de Saulo; lo
encontró y se lo llevó a Antioquía. Y estuvieron un año entero en
aquella Iglesia instruyendo en la fe a muchas personas. Fue en
Antioquía donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de
cristianos (Hch 11,19-26). El Espíritu hace que de las patadas que les
pegan las persecuciones, como un saco lleno de semilla, más se
extienden los granos y el viento los lleva lejos (decía san
Josemaría). Te ruego, Señor, por la unidad de tu Iglesia. Que cada
comunidad esté abierta a las demás. Que ninguna llegue a ser un gheto,
un círculo cerrado, un club reservado a sólo algunos. Te ruego, Señor,
por la unidad del mundo. Que la Iglesia, en el mundo, sea signo y
fermento de unidad entre todos los hombres.
"En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el
nombre de cristianos". «Cristianos» = «hombres de Cristo». Se ha
inventado una palabra nueva. ¿Soy yo otro Cristo? ¿Soy de veras un
cristiano? Reflexiono sobre esta palabra, que expresa mi identidad. o
bien, ¿se trata sólo de una etiqueta externa? ¡Oh Cristo, hazme
semejante a Ti! (Noel Quesson/J. Aldazábal).

El Salmo 87/86 habla del nuevo Pueblo de Dios, el Reino de Dios entre
nosotros. El Señor nos ha elegido como pueblo suyo: «alabad al Señor
todas las naciones», porque Dios llama a todos por igual. "Contaré a
Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han
nacido allí…" con alusiones al Templo, que es Jesús, la Presencia de
Dios vivo, y todos seremos puestos en el registro de este pueblo
santo, familia de Dios, Iglesia: "Este ha nacido allí"; y cantarán
mientras danzan: "Todas mis fuentes están en ti"». Es la hermandad de
todos los pueblos. Es la «ciudad de Dios»; está por tanto en la base
del proyecto de Dios. Todos los puntos cardinales de la tierra se
encuentran en relación con esta Madre: Ráhab, es decir, Egipto, el
gran estado Occidental; Babilonia, la conocida potencia oriental;
Tiro, que personifica al pueblo comercial del norte; mientras que
Etiopía representa al profundo sur; y Palestina, el área central,
también es hija de Sión. Es sugerente observar cómo incluso las
naciones consideradas hostiles a Israel suben a Jerusalén y son
acogidas no como extranjeras sino como «familiares», miembros de la
misma familia, llamados a abrazarse como hermanos, de regreso a casa.
Página de auténtico diálogo interreligioso, anticipa la tradición
cristiana que aplica este Salmo a la «Jerusalén de arriba» de la que
san Pablo proclama que «es libre y es nuestra madre» y tiene más hijos
que la Jerusalén terrena. Del mismo modo habla el Apocalipsis cuando
ensalza «la Jerusalén que bajaba del Cielo, de junto a Dios».
Siguiendo la línea del Salmo 87, también el Concilio Vaticano II ve en
la Iglesia universal el lugar en el que se reúnen «todos los justos
descendientes de Adán, desde Abel el justo hasta el último elegido».
Tendrá su «cumplimiento glorioso al fin de los tiempos».
El buen pastor -el verdadero pastor- es Jesús: pastor "bueno, bravo,
honrado, hermoso, perfecto en todos los aspectos"... ¿qué significa
"pastor" en la Biblia? El guía ("El Señor es mi pastor, nada me falta,
sobre verdes praderas reposo, hacia fuentes tranquilas me
conduce..."), el que cuida ("como un Pastor que apacienta su rebaño,
recoge con su brazo los corderos, los lleva junto a su pecho y cuida
las ovejas madres"), y gobierna ("he aquí que yo mismo cuidaré de mi
rebaño..."), el "mesías", el "jefe del pueblo", pero Jesús añade: -"El
verdadero pastor da su vida por sus ovejas...", "pone su alma" = "deja
su vida" = "da su vida". ¡Esta es una imagen sorprendente! Cuando un
pastor muere, no puede ya defender sus ovejas... Pero Jesús, por su
muerte misma, salva a sus ovejas. Por otra parte, enseguida añadirá
que El tiene el poder de "recobrar su vida" -resurrección.
Conscientemente Jesús dice que es capaz de "morir" por nosotros.
"Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era
invierno. Jesús se paseaba en el templo, por el pórtico de Salomón.
Los judíos lo rodearon y le preguntaron: «¿Hasta cuándo nos has de
tener en vilo? Si tú eres el mesías, dínoslo claramente». Jesús les
respondió: «Os lo he dicho y no me habéis creído. Las obras que yo
hago en nombre de mi Padre lo demuestran claramente. Pero vosotros no
creéis, porque no sois ovejas mías…" y sigue con los versículos que
leímos este domingo (Jn 10,22-30).
-"El pastor mercenario, si ve venir el lobo, huye... No tiene interés
alguno por las ovejas". He aquí la imagen contrastante. El falso
pastor, sólo piensa en él. Es incapaz de arriesgar su vida ante el
lobo. Las ovejas no cuentan para él. Jesús ha arriesgado su vida para
defender a la humanidad. Ha arriesgado su vida por mí. Y Pablo, para
expresar el inmenso valor de todo ser humano dirá: "¡es un hermano por
quien Cristo ha muerto! (Rm 14, 15; Co 8, 11) Yo soy alguien para
Jesús. Soy importante para El. Todo hombre es importante para Jesús.
Está dispuesto a batirse por él.
-"Conozco a mis ovejas, y las mías me conocen a mí, como el Padre me
conoce y yo conozco a mi Padre". Esto va muy lejos. La intimidad entre
Jesús y sus amigos es como la que existe entre las personas divinas en
el seno de la Trinidad de Amor. Fue al llamarla por su nombre "María",
cuando Magdalena reconoció la "voz de Jesús". La llamó por su nombre.
Y fue entonces que ella le reconoció. De ese modo soy yo también
conocido. Gracias por este amor, gracias.
-"Tengo otras ovejas que no son de este aprisco: y es preciso que Yo
las traiga con las demás. Escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y
un solo pastor". Es el corazón universal de Jesús, la dimensión
misionera de la Iglesia. Jesús no se contenta jamás con el "pequeño
rebaño" ya salvado, ya reunido... se preocupa de la "oveja perdida"
que ha abandonado el rebaño. ¿Cuál es mi oración y mi acción para las
misiones, para la evangelización? ¿Cuál es mi participación en el
apostolado? -"Tengo poder para dar mi vida y poder para volver a
tomarla de nuevo" (Noel Quesson). La revelación de Jesús llega a mayor
profundidad en la fiesta de la Dedicación del Templo. No sólo es la
puerta y el pastor, no sólo está mostrando ser el enviado de Dios por
las obras que hace. Su relación con el Padre, con Dios, es de una
misteriosa identificación: «yo y el Padre somos uno». Jesús va
manifestando progresivamente el misterio de su propia persona: el «yo
soy».
El pasaje del evangelio nos invita a renovar también nosotros nuestra
fe y nuestro seguimiento de Jesús. ¿Podemos decir que le escuchamos,
que le conocemos, que le seguimos?, ¿que somos buenas ovejas de su
rebaño? Tendríamos que hacer nuestra la actitud que expresó tan
hermosamente Pedro (leímos el sábado): «Señor, ¿a quién iremos? tú
tienes palabras de vida eterna». En la Eucaristía escuchamos siempre
su voz. Hacemos caso de su Palabra. Nos alimentamos con su Cuerpo y
Sangre. En verdad, éste es un momento privilegiado en que Cristo es
Pastor y nosotros comunidad suya. Eso debería prolongarse a lo largo
de la jornada: siguiendo sus pasos, viviendo en unión con él, imitando
su estilo de vida (J. Aldazábal). Le pedimos a la Virgen, Divina
Pastora, que nos haga escuchadores del Espíritu Santo, el Espíritu de
Jesús.

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