miércoles, 14 de abril de 2010

El secreto de Tierra Santa.

Por su geografía y cultura, es punto de encuentro de las antiguas
civilizaciones de Egipto y Mesopotàmia, ese pequeño país de paso fue
conquistado y dominado por los persas, griegos, romanos, imperio
Otomano, Bizancio, los cruzados, los turcos... Edificado y destruido
muchas veces, es una tierra en continua construcción. El secreto de
esta Tierra santa es que ahí estuvo Jesús, y por ello ahí está el
eterno conflicto (Covadonga O'Shea). Ahí están los Santos Lugares, en
medio de un cúmulo de riqueza arqueológica, antropológica y religiosa.
Es la tierra de Abraham, que fundó el pueblo de los creyentes; de
Moisés que lo volvió a fundar (aunque él no llegara más que a las
puertas de la tierra prometida); de los Profetas y sobre todo del Rey
David, aquel antecesor e imagen de Cristo 1000 antes de que llegara el
Mesías. La capital de Israel, Jerusalén, gira en torno a un monumento
que ya no existe: el Templo de Salomón, reconstruido y ampliado
lujosamente por Herodes el Grande, para guardar un Arca de la Alianza
que tampoco existía en aquel entonces.

Los cristianos de Tierra Santa piden hoy ayuda del resto de la
Iglesia, y el Viernes Santo se celebra la Colecta por los Santos
Lugares, es una ocasión de vivir la solidaridad con esta Tierra donde
hay una presencia pequeña de seguidores de Jesús, en las distintas
confesiones: un 2% del total de la población. En medio de tensiones
territoriales de hebreos y palestinos, muchos han de emigrar pues no
aguantan la presión y la discriminación que ahí tienen los cristianos.
Orar y trabajar por la paz de los Santos Lugares es tarea de todos.
Esta Colecta en favor de Tierra Santa ya se hizo en tiempos de San
Pablo ante las dificultades de entonces (1 Cor 16,1-3).

La arqueología bíblica tiene como objetivo conocer la verdad, dar el
contexto histórico-geográfico de la Palestina del tiempo de Jesús, y
sobre Jesús y sus paisanos. No pretende "hacer creyentes", su
finalidad es mostrar las fuentes, la palabra escrita en la piedra, que
completa la que está escrita en los libros, la memoria de las gentes,
sus corazones. Aunque no deja de tener emoción mística y/o también
estética poder contemplar las mismas calles y casas que vieron los
ojos de Jesús en Galilea, y monedas y utensilios de todo tipo que
encuadran las palabras de Jesús en el ambiente que se va desvelando
con esta ciencia histórica. El círculo de esos yacimientos se va
ampliando día a día. Van iluminando así los relatos del Evangelio y la
descripción más detallada de Flavio Josefo. El desierto de Judá
también es mina de datos históricos (capítulo aparte son los
manuscritos de Qumrán, papiros de Murabbaat y Nahal Hever).

En los siglos IV-VI, ya muchos cristianos eligen vivir en Palestina:
monjes como Teodoro, Cantón, Sabas, escritores como Jerónimo, Rufino,
nobles matronas como Paula o emperatrices como Eudoxia. Palestina se
fue convirtiendo en una Tierra-Santuario. De todo esto se salvó bien
poco cuando en 614 los persas y en 636 las tribus islámicas lo
destruyen, y todo queda en abandono. Los siglos XII-XIII fueron de
cruzadas, nuevas construcciones y destrucciones. Singular papel
jugaron en los siglos posteriores los monjes griegos, armenios y
franciscanos en la custodia de los lugares santos, y atención de los
peregrinos –pocos- que se atrevían a ir. Por fin, gracias a los
incrédulos racionalistas "científicos" del siglo XIX, la ciencia
arqueológica avanzó en el sentido de que sí, de que todo era
auténtico: aparecen osarios con cruces y nombres cristianos, grafitos
en paredes se¬pulcrales de la comu¬nidad cristiana de los siglos I-V.

Los últimos yacimientos más extraordinarios son quizá los referentes a
las casas de María y Pedro. En Nazaret se descubre la primera
atestación de culto mariano, siglos II-III. Ya el Anónimo de Piacenza,
que visitó Tierra Santa en el siglo VI, escribe: "La casa de Santa
María es una basílica y se suceden muchas curaciones". Fue una
sorpresa cuando al remover los mosaicos de la iglesia bizantina para
res¬taurarlos, se vieron los escombros de debajo, como era habitual se
ponían ahí los restos no aprovechados de la antigua construcción, en
este caso edificio sinagogal de los siglos III-IV, las inscripciones
mostraban que era un lugar de culto cristiano: "AVE MARIA", "SOBRE EL
LUGAR SAGRADO DE MARIA HE ESCRITO". Así, la actual basílica de la
Anunciación de Nazaret, construida sobre la cruzada y ésta sobre otras
más antiguas, es una cadena de lugares de culto que se han sucedido a
través de la historia. La tradición está viva y vincula las personas
de la actual comunidad cristiana con los parientes de Jesús. Otro
sensacional hallazgo es la casa de San Pedro en Cafarnaún. La basílica
octogonal bizantina había sido erigida sobre una capilla anterior, la
domus-ecclesia de la que habla la peregrina Egeria en el siglo IV: "En
Cafarnaún, la casa del Príncipe de los Apóstoles ha sido convertida en
iglesia; sus paredes están hoy como entonces fueron". El nivel
inferior pertenecía al primer siglo.

Son muchos otros los lugares donde van emergiendo pruebas históricas.
El arqueólogo ha visto en sus excavaciones de los lugares santos de
Palestina cómo hay una veneración con señales de continuidad histórica
(dentro de la continua construcción/destrucción de santuarios en esos
lugares, de la historia de esas persecuciones). Esa continuidad de
presencia cristiana como garantía de devoción de esos lugares, "va
desde los primeros discípulos de Jesús hasta nuestros días" (Miguel
Piccirillo). La Iglesia del Santo Sepulcro es como la huella
silenciosa del paso de Dios por la tierra, como decía Juan Pablo II:
"lugares de la Tierra, Lugares de Tierra Santa, no sé cómo guardaros
aquí dentro, dentro de mí. No sé como pisaros, no puedo: arrodillarme
quiero ante vosotros. Doblo la rodilla y callo. Algo mío te quedará
tierra, te quedará mi silencio. Y mientras tanto te llevo dentro para
ser como tú lugar de testimonio. Me voy, me marcho como testigo, me
voy para atestiguar lo que ha pasado a través de los milenios".

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