martes, 13 de abril de 2010

Domingo de Resurrección, y tiempo de Pascua…

Es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los
católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto
quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar
al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el
paso de la muerte a la vida. "Jesús es el nuevo cordero pascual que
nos trae la nueva liberación, del pecado y de la muerte." Lo que
celebramos es realidad viva y actual. Llevamos, por tanto, en nuestra
oración el carácter dramático de los hechos y de las situaciones que
en estos días afligen a muchos hermanos y hermanas nuestros de todas
las partes del mundo. Nosotros sabemos que el odio, las divisiones,
las violencias, no tienen nunca la última palabra en los
acontecimientos de la historia. Estos días vuelven a alentar en
nosotros la gran esperanza: Cristo crucificado ha resucitado y ha
vencido al mundo. El amor es más fuerte que el odio, ha vencido y
tenemos que asociarnos a esta victoria del amor. Por tanto, tenemos
que volver a comenzar a partir de Cristo y trabajar en comunión con él
por un mundo basado en la paz, en la justicia y en el amor. En este
compromiso, que involucra a todos, dejémonos guiar por María, quien
acompañó al Hijo divino por el camino de la pasión y de la cruz, y
que participó, con la fuerza de la fe, en la aplicación de su designio
salvífico. Con estos sentimientos, os hago llegar ya desde ahora mis
mejores deseos de feliz y santa Pascua a todos vosotros y a vuestras
comunidades.
Toda la celebración de la Vigilia pascual se realiza durante la noche,
de tal manera que no se vaya a comenzar antes de iniciarse la noche, o
se termine la aurora del Domingo. La Vigilia Pascual comienza con el
Lucernario: Se bendice el fuego. Se prepara el cirio en el cual el
sacerdote con un punzón traza una cruz. Luego marca en la parte
superior la letra Alfa y en la inferior omega, entre los brazos de la
cruz marca las cifras del año en curso. A continuación se anuncia el
Pregón Pascual.
Luego, la Liturgia de la Palabra, se leen las maravillas que desde los
comienzos realizó Dios con su pueblo.
Luego, la Liturgia Bautismal. Se llama a los catecúmenos, quienes son
presentados ante el pueblo por sus padrinos: si son niños serán
llevados por sus padres y padrinos. Estamos todos con ls velas
encendidas junto a los que son bautizados, y hoy renovaremos las
promesas de la fe. Queremos la luz, vamos en busca del rostro de
Jesús…

Estos años han surgido reconstrucciones del rostro de Jesús, también
en Semana Santa las cadenas de televisión nos ofrecen las producciones
cinematográficas sobre los tiempos de Jesús, que para mi gusto
muestran mejor a los personajes de la época que a Jesús, que siempre
es más o menos decepcionante, aunque se hacen buenos esfuerzos como
las de plastilina y dibujos animados de "El hombre que hacía
milagros". Nos es velado el rostro de Jesús, y la búsqueda no puede
cesar, pues la figura de estos 2000 años más influyente es Jesús de
Nazaret y por él se han hecho los actos más humanitarios, de amor, y
por desgracia han usado su nombre para cometer también atrocidades...
No quiero ahora entretenerme en considerar las semejanzas entre el
Jesús que aparece en la sábana santa y los iconos de las iglesias
orientales. Una vez se ha desprestigiado la prueba de carbono 14 que
le hicieron hace unos años, sigue apareciendo la "santa sindone" como
uno de los mejores testimonios del rostro de Jesús, de este Jesús que
nació, rezó y ayunó, que murió en el Calvario, con el sacrificio de la
cruz, en una victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte.
Sin embargo, la imagen que podemos encontrar sobre todo es interior.
Juan Pablo II nos invitaba a fijar la mirada en el rostro de Cristo
crucificado y hacer de su Evangelio la regla cotidiana de vida. Decía
una chica que es muy difícil explicar esta experiencia: "cuando crees
en el Evangelio, cuando rezas, te sientes mejor, y sería estupendo que
viviéramos lo que nos enseña... el mundo sería distinto". Hay una
cierta "experiencia de Dios", un "laboratorio" en el que descubrimos,
aún dentro del ambiente secularizado que nos rodea, el rostro de
Jesús.

Al pasar por Madrid, pude conocer a un hombre algo anciano, que no
podía aguantar contar su alegría a alguien. Había llegado a la capital
después de la guerra, y entre pesares pudo ir adelante, recogiendo
colillas y papeles y otros desechos. Allí fue bautizado, pero pronto
abandonó la práctica religiosa porque no se atrevía, se veía indigno.
Pasaron los años y le pasó de todo. Acabó en la cárcel, 12 años estuvo
en tiempos del anterior régimen. Perdió un tobillo en un accidente (le
colocaron una prótesis) y al poco murió su mujer. En medio de muchos
pesares, y sin saber qué rumbo tomar, salió a ver procesiones de
Semana Santa, y decía: "ayer, al ver el paso del Cristo de los
gitanos, no pude aguantar más y me puse a llorar como un niño..."
Tenía ganas de portarse mejor, de cambiar de vida, de hacer algo...
confesó y fue a los Oficios, para comulgar. Qué tendría aquella mirada
del Cristo de los gitanos...
Estos días vemos como Joe Eszterhas, que fue el guionista del thriller
erótico de mayor éxito de los años 90 y otras películas que le
convirtieron en el "el rey del sexo y la violencia en América" según
la revista TIME, lleva la cruz en el Viacrucis de su parroquia, cuenta
la conversión, acude a la comunión y a los demás sacramentos, y
agradece a Dios que cuando estaba tocando fondo en su enfermedad, le
fuera a salvar…
El hombre, como el hijo pródigo, por muy lejos que vaya, por muy bajo
que caiga, es un buscador que persigue la verdad, la apertura
espiritual, a Dios. Jesús es el hijo pródigo que se va del cielo, que
nos viene a buscar, nos habla de que tenemos un Padre y que todos
somos hermanos, cosa que nos conmueve porque si no hay padre no hay
fraternidad, por mucho que seamos hijos de los hombres de Atapuerca.
Además, estamos todos interesados en el tema de qué será después de la
muerte (últimas preguntas) y cuál es el sentido de la vida (las
penúltimas preguntas). Este es el misterio del rostro de Jesús, que su
presencia se realiza hoy, en nuestras circunstancias históricas.
"Cristo, ayer, hoy y siempre". Tenía razón Dostoyevsky cuando en "Los
demonios" preguntaba "¿Puede un hombre culto, un europeo de nuestros
días, creer aún en la divinidad de Jesucristo, Hijo de Dios? Pues en
ello consiste propiamente la fe toda".
«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha
resucitado» (Lucas 24,5-6), preguntó el ángel a las santas mujeres
aquel primer domingo de pascua, y como una onda que pasa
transversalmente a través de los siglos, parece que aletean en el aire
estas palabras del ángel, para que el anuncio de la resurrección de
Jesús llegue a toda persona de buena voluntad y todos nos sintamos
protagonistas en construir un mundo mejor. Porque en medio de tantos
rincones del planeta envueltos en zumbidos de guerras y lágrimas, late
este mensaje de esperanza, que nos dice que es posible vencer en la
apuesta de la tolerancia y de la solidaridad, es posible tener
capacidad y coraje para un desarrollo respetuoso de cada ser humano.

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