lunes, 5 de abril de 2010

Día 23º. JUEVES TERCERO: Cuaresma 3, jueves: el camino a la felicidad es escuchar la voz de Dios, hacer su voluntad

Jeremías proclama la voz del Señor: "Yo seré vuestro Dios y vosotros
seréis mi pueblo". Es una de las expresiones más perfectas de la
Alianza. Una pertenencia recíproca: yo soy tuyo, tú eres mío. Marca el
camino seguro, "a fin de que todo os vaya bien y seáis felices".
Siempre el mismo lazo entre la «fidelidad» a Dios y la "alegría". No
es para tomarlo en un sentido material, de tener éxito: «No te prometo
hacerte feliz en este mundo», decía la Virgen a Bernardita Soubirous.
A veces los que hacen cosas malas parece que se la pasan muy bien, y
que gente buena se la pasan mal en la vida. Pero el que hace el bien,
por dentro siente algo íntimo, como un calorcito parecido a la
"felicidad", y es la alegría íntima que da el Señor a todos los que se
esfuerzan en ser fieles. Dios espera «mi rostro»... cara a cara. Como
los que se quieren. Y yo me aparto de Él. Como los que no se quieren.
Me despisto… Señor, que no me despiste, que me acuerde de mis citas
contigo, de ir a verte, de rezar ahí donde esté y conectar contigo…
para que no digas de mí lo que de aquellos: "-No me escucharon". Tú no
nos hablas sólo en la misa o en la oración. Debo escuchar en mi vida,
en mi estudio y en mis clases, en mi casa y en mis responsabilidades,
en mis amigos y en mis juegos. Pero, con frecuencia, no sé escucharte.
Concédeme esa atención que me falta, Señor (Noel Quesson).
Rezo con el Salmo: "¡Venga, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a
la Roca que nos salva! ¡Vamos hasta Él dándole gracias, aclamemos con
música al Señor! ¡Entremos, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la
rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios, y
nosotros, el pueblo que Él apacienta, las ovejas conducidas por su
mano. Ojalá hoy escuchéis la voz del Señor"… siento que va por mí:
«ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón». Es una
continuación de lo que me ha dicho el profeta antes: «Escuchad mi voz,
caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien» (1ª
lectura).
Hay muchos que lo hacen, son santos anónimos. "Soy consciente, rezaba
Newman, de que a pesar de mis faltas, deseo vivir y morir para gloria
de Dios. Deseo entregarme completamente a Él como instrumento suyo
para la tarea que quiera y a costa de cualquier sacrificio personal".
Hoy hago mía esta oración del converso inglés que tanto hizo por la
Iglesia de su país: ¡Señor, aunque no valga nada, aquí estoy para
hacer, por Ti, lo que quieras!
B. Tierno hablaba de los héroes anónimos, que no los saben ni ellos:
"Jamás pensé que estar en contacto con la enfermedad y el sufrimiento
de los demás podría hacerme tanto bien. Estando de camillero en
Lourdes, una señora, medio ciega y sin piernas, rezaba el rosario.
Como advertí preocupación en su rostro, le pregunté qué le apenaba.
Ella me respondió: "Me entristece este pobre hombre de la camilla de
al lado". Se me hizo un nudo en la garganta y pensé, ¡Dios mío! Ella
sí que está físicamente mal y, sin embargo, no piensa en sí misma.
Esta aleccionadora experiencia me la contaba hace unos días en San
Sebastián el propio protagonista, Luis, un hombre de mediana edad que,
desde hace años, junto con su esposa, asiste como camillero voluntario
a los enfermos que peregrinan a Lourdes. Tantas personas anónimas, la
mayoría donantes de sangre, como Luis, que no desaprovechan la menor
ocasión que se les presenta para ayudar según sus posibilidades, son
héroes anónimos.
Tú nos explicaste que lo que hacemos con los demás lo hacemos contigo.
Por eso trataré de ser generoso, Jesús, con los demás. En concreto
estos días de Cuaresma procuraré hacer muchos favores. Recuérdamelo,
por favor, y que sepas que los haré por amor a ti y a ellos. ¡Cada
día, al menos, un buen favor! Continúa hablándole a Dios con tus
palabras (José Pedro Manglano).
"Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando
salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron".
Pero algunos decían que estaba endemoniado. Pero Jesús les responde
que cómo va a ser del demonio quitar demonios, que ningún reino puede
durar si está dividido,pero "si por el dedo de Dios expulso yo los
demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios", porque si él
quita demonios es que es más fuerte que los demonios: "Cuando uno
fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro;
pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en
las que estaba confiado y reparte sus despojos" y nos anima a seguirle
en su reino: "El que no está conmigo, está contra mí, y el que no
recoge conmigo, desparrama". Nos habla el Evangelio de ese combate
espiritual contra las fuerzas del mal... con Cristo. Señor, sálvame de
mis demonios... líbranos del mal. Eres más fuerte que Batman, que
Superman, que todos los héroes, eres mi Salvador. Ven Jesús a combatir
conmigo en esta Cuaresma. Cuaresma = energía (Noel Quesson).
Cuentan de una señora muy pobre telefoneó a un programa cristiano de
radio pidiendo ayuda, pues no tenía nada que comer.
- Un brujo dedicado al mal que por casualidad oía el programa
consiguió su dirección, llamó a sus secretarios y ordenó que compraran
alimentos y los llevaran hacia la mujer, con la siguiente instrucción:
- Cuando ella pregunte quien mandó estos alimentos, respondan que fue el DIABLO
- Cuando llegaron a la casa, la mujer los recibió con alegría y fue
inmediatamente guardando los alimentos que le llevaron los secretarios
del brujo. Al ver que ella no preguntaba nada, ellos le preguntaron:
¿Señora no quiere saber quién le envió estas cosas? La mujer, en la
simplicidad de la fe, respondió:
- No, hijito... No es preciso.
- Cuando Dios manda, hasta el diablo obedece!
En el ritual del Bautismo hay un gesto simbólico expresivo, el
«effetá», «ábrete». El ministro toca los labios del bautizado para que
se abran y sepa hablar. Y toca sus oídos para que aprenda a escuchar.
Dios se ha quejado hoy de que su pueblo no le escucha. ¿Se podría
quejar también de nosotros, bautizados y creyentes, de que somos
sordos, de que no escuchamos lo que nos está queriendo decir en esta
Cuaresma, de que no prestamos suficiente atención a su palabra? La
Virgen María, maestra en esto, como en otras tantas cosas, de nuestra
vida cristiana, nos ha dado la consigna que fue el programa de su
vida: «hágase en mí según tu palabra» (J. Aldazábal).

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