viernes, 12 de febrero de 2010

Sábado de la semana 4ª: Salomón pide tener sabiduría, aunque la mejor ciencia es el buen corazón y el servicio que nos muestra Jesús  

Sábado de la semana 4ª: Salomón pide tener sabiduría, aunque la mejor ciencia es el buen corazón y el servicio que nos muestra Jesús
 
Primer Libro de los Reyes 3,4-13. El rey fue a Gabaón para ofrecer sacrificios allí, porque ese era el principal lugar alto. Sobre ese altar, Salomón ofreció mil holocaustos. En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en un sueño, durante la noche. Dios le dijo: "Pídeme lo que quieras". Salomón respondió: "Tú has tratado a tu servidor, David, mi padre, con gran fidelidad, porque él caminó en tu presencia con lealtad, con justicia y rectitud de corazón; tú le has atestiguado esta gran fidelidad, dándole un hijo que hoy está sentado en su trono. Y ahora, Señor, Dios mío, has hecho reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un muchacho y no sé valerme por mí mismo. Tu servidor está en medio de tu pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?". Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este pedido, y Dios le dijo: "Porque tú has pedido esto, y no has pedido para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, yo voy a obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de ti. Y también te doy aquello que no has pedido: tanta riqueza y gloria que no habrá nadie como tú entre los reyes, durante toda tu vida.
 
Salmo 119,9-14. ¿Cómo un joven llevará una vida honesta? Cumpliendo tus palabras. Yo te busco de todo corazón: no permitas que me aparte de tus mandamientos. Conservo tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti. Tú eres bendito, Señor: enséñame tus preceptos. Yo proclamo con mis labios todos los juicios de tu boca. Me alegro de cumplir tus prescripciones, más que de todas las riquezas.
 
Evangelio según San Marcos 6,30-34. Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
 
Comentario: 1.- 1R 3,4-13. La oración de Salomón pidiendo sabiduría le gustó a Dios. El joven rey quiso inaugurar su reinado con un acto religioso, ofreciendo sacrificios a Dios. En su oración no pidió riquezas ni venganza ni prestigio ni fuerza militar. Pidió una cosa que no esperaríamos tal vez de un joven: sabiduría para saber discernir en la vida y gobernar bien. Lo necesitaba: no todos le aceptaban de corazón y no era fácil gobernar aquel pueblo dividido anímicamente entre los reinos del Norte y del Sur. A fe que en la Escritura aparece Salomón como el prototipo del hombre sabio: se le atribuyen libros sapienciales como el de los Proverbios y una fama universal superior a la de todos los sabios, que provocará la visita de la reina de Sabá. Es famoso el juicio de Salomón -que no leemos en esta selección de la Misa- cuando tuvo que dictaminar sobre el caso de las dos mujeres y el niño que ambas reclamaban como suyo (I Reyes 3). Se puede leer también el capitulo 7 del libro de la Sabiduría sobre el acierto y las consecuencias de esta oración de Salomón. A la vez Dios le concedió también riquezas y éxitos en todos los órdenes sociopolíticos. En Salomón se cumplía ya lo que dirá Jesús más adelante: buscad primero el reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura.
Todos necesitamos sabiduría. Muchas veces en la vida, tanto en la personal como en la comunitaria o familiar, nos encontramos ante la encrucijada de una decisión y a veces nos resulta difícil discernir. Podemos aplicar todos los recursos humanos y los cálculos y las experiencias. Pero nos iría mucho mejor que fuéramos adquiriendo la sabiduría de Dios: o sea, la visión de las cosas y de las personas y de los acontecimientos que tiene Dios. Necesitamos tener juicio y sentido común, saber decidir bien. Sobre todo si tenemos algún cargo de responsabilidad. ¿Y quién no tiene alguno, en el orden que sea, familiar, eclesial, social? Tendríamos que decir sinceramente con el salmo de hoy: «Enséñame tus leyes... no consientas que me desvíe de tus mandamientos... mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas».
Abordamos hoy la vida de Salomón, hijo de David y de Betsabé. Hoy leemos una «plegaria de Salomón»: Recibió el poder real en circunstancias bastante trágicas, después de intrigas sangrientas. Su corazón está lleno de inquietud: ¿sabrá estar a la altura de su tarea abrumadora?
-Pídeme lo que quieras, y te lo daré. Como su padre, el nuevo rey está «delante de Dios».
-"Soy muy joven, incapaz de conducirme y estoy aquí en medio del pueblo que Tú has escogido... Este reinado empieza bien: por la humildad. Sabemos que ésta no durará mucho y que muy pronto Salomón quedará prendido en los sueños de poder.
-"Concede a tu siervo un corazón atento..." Un «corazón atento»... Un «corazón que escucha»... Para la mentalidad semítica, corazón es equivalente a inteligencia, es la sede del pensamiento. En primer lugar Salomón pide pues la «sabiduría», «la agudeza de la inteligencia», la «comprensión»...
-«Para que sepa gobernar a tu pueblo y discernir el bien y el mal.» Una «inteligencia práctica» aplicada a la acción y en particular a la justicia. Hoy diríamos «tener buen juicio», «ser un hombre de buen consejo». ¿Por qué no repetirla nosotros, por nuestra cuenta esta «plegaria de Salomón?»... Aplicándola a nuestras situaciones y responsabilidades: Señor, dame un corazón atento, dame la comprensión inteligente de las personas con las cuales convivo. Señor, ayúdame a «ver», a "escuchar", a «interpretar», para que sepa discernir el bien del mal. Señor, en medio de las evoluciones del mundo y de la Iglesia, dame «un buen criterio», lléname de «prudente sabiduría» para que no me deje llevar a ningún exceso de optimismo o de pesimismo. Señor, soy tu servidor, ayúdame a «gobernar» la partecita de universo que me ha sido confiada, esa familia que me has dado, ese oficio que es el mío, esa responsabilidad que he aceptado. Es tarea de cada uno repetir, recomponer, prolongar esa plegaria...
-Porque es esto lo que me has pedido, y no largos años de vida, ni la riqueza, ni la muerte de tus enemigos... Porque has pedido el discernimiento, el arte de estar atento y de gobernar, hago lo que me has pedido: te doy un corazón inteligente y prudente... Y te concedo también lo que no me has pedido: la riqueza y la gloria. «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y el resto se os dará por añadidura.» Señor, no me des riquezas... dame la inteligencia y el discernimiento de tu Voluntad, dame... tu Espíritu, el Espíritu de Jesús... (Noel Quesson).
Como fruto de la oración sincera ante Dios y del culto que Salomón le tributa, el Señor se le aparece en sueños y dice que le pida lo que quiera, pues se lo va a conceder. Y Salomón pide la Sabiduría para poder estar atento a juzgar al pueblo y para discernir entre el bien y el mal. Así, Salomón prefiere la sabiduría por encima de la vida que se prolonga, de las riquezas y de la muerte de sus enemigos. Junto con la sabiduría llegarán a Salomón las riquezas y la victoria sobre sus enemigos. Nosotros hemos de examinar sobre el objeto de nuestra oración ante Dios: ¿Qué buscamos, que pedimos, qué deseamos como lo más importante en nuestra vida? Ojalá y pidamos la Sabiduría necesaria para ser rectos, para ayudar a los demás y para saber compartir con ellos los bienes que Dios nos concede. Junto con la Sabiduría llegará a nosotros todo lo demás; pero no busquemos la sabiduría con una intención torcida, pensando que si la pedimos al Señor Él nos llenará las manos de bienes materiales, pues quien llegue ante el Señor con una intención torcida no piense recibir de Él lo que equivocadamente ha tramado en su corazón.
 
2. Sal. 118. Dios nos dio su santa Ley para que nos sirviera como un ayo que nos llevara hasta Cristo, fuente de salvación y de vida eterna. Por eso hemos de pedir al Señor que nos enseñe a cumplir sus preceptos. No nos quedemos pensando que por cumplir la Ley tenemos ya con nosotros la salvación, sino que quien cumpla la Ley del Señor debe saber que se encuentra en camino hacia Cristo, por eso en este Salmo se nos recuerda: Con todo el corazón te voy buscando, no me dejes desviar de tus preceptos. Quien viva, así, en camino hacia Cristo será una persona recta, justa y sabia. Pero no nos quedemos en el camino, sino que lleguemos hasta Cristo; Él ha venido ya como plenitud de la Ley y de los profetas, como cumplimiento y término de las promesas divinas. Unamos a Él nuestra vida y, guiados por el Espíritu Santo, seamos fieles no sólo a sus enseñanzas, sino al amor que nos ha manifestado y que ha infundido en nuestros corazones.
 
3.- Mc 6, 30-34 (ver paralelo: Mt 14.13-21). La escena es muy humana y expresiva de los sentimientos de Jesús: programa un retiro de descanso con sus apóstoles, pero luego le puede la compasión hacia la gente y se pierde el descanso. Los apóstoles, a quienes había enviado de dos en dos a evangelizar, vuelven muy satisfechos. Cuentan y no acaban de los éxitos que han tenido en su salida apostólica. Jesús se da cuenta de que están cansados y de que lo que más necesitan en ese momento es un poco de descanso y un retiro con él, para reponer fuerzas y revisar su actuación. Ese es el plan que les propone. Pero la gente se les adelantó y les salió al encuentro, porque adivinaron a dónde iban, y Jesús, cuando vio a la gente, «le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor», y se acabó el retiro que pensaban hacer: «y se puso a enseñarles con calma».
Podemos vernos espejados en esta escena de varias maneras. A lo largo de nuestras jornadas y temporadas, en nuestro trabajo cosechamos algunos éxitos, seguramente mezclados con fracasos. Que es lo que les pasarla a los apóstoles y al mismo Jesús, a quien no todos le hacían caso. Ojalá tengamos siempre a alguien con quien compartir lo vivido, que sepa escucharnos y con el que podamos hablar de nuestras varias experiencias, para revisar y remotivar lo que vamos haciendo. Ojalá tengamos también la oportunidad de algún retiro: todos necesitamos un poco de paz en la vida, momentos de oración, de silencio, de retiro físico y espiritual, con el Maestro. Además de que cada semana, el domingo está pensado para que sea un reencuentro serenante con Dios, con nosotros mismos, con la naturaleza, con los demás. El activismo nos agota y empobrece. El stress no es bueno, aunque sea el espiritual. Los apóstoles estaban llenos de «todo lo que hablan hecho y enseñado». A veces dice el evangelio que «no tenían tiempo ni para comer». Necesitamos paz y serenidad. Cuando no hay equilibrio interior, todo son nervios y disminuye la eficacia humana y la evangelizadora. A la vez, hay otro factor importante en nuestra vida: la caridad fraterna, la entrega a la misión que tengamos encomendada. A veces esta caridad se antepone al deseo del descanso o del retiro, como en el caso de Jesús y los suyos. Jesús conjuga bien el trabajo y la oración. Se dedica prioritariamente a la evangelización. Pero sabe buscar momentos de silencio y oración para sí y para los suyos, aunque en esta ocasión no haya sido con éxito. Otra lección que nos da Jesús es que no parece tener prisa. No hace ver que le han estropeado el plan. «Se puso a enseñarles con calma». Porque vio que iban desorientados, como ovejas sin pastor. Tener tiempo para los demás, a pesar de que todos andamos escasos de tiempo y con mil cosas que hacer, es una finura espiritual que Jesús nos enseña con su ejemplo: tratar a cada persona que sale a nuestro encuentro como si tuviéramos todo el tiempo del mundo (J. Aldazábal).
Después de su primera "misión" volvieron los apóstoles a reunirse con Jesús... Es la hora del "informe" a los demás... Se actúa y luego se "revisa" la acción para mejor comprenderla en la Fe, y mejorar las próximas intervenciones apostólicas. Hoy también se hacen muchas "reuniones". Se trabaja mucho en grupo, en la vida escolar, profesional, en la investigación. Las Asociaciones y Sindicatos de todas clases convocan a sus miembros para "poner en común" ideas y proyectos. Me agrada, Señor, descubrir, una vez más cómo sus métodos de trabajo corresponden en profundidad a la naturaleza del hombre, que es un ser de relación y de participación. Muchos cristianos han comprendido hoy que su Fe se robustecería si decidieran "reunirse" con otros hermanos para dialogar sobre ella. Señor, ayuda a otros muchos a descubrir, a comprender esto a su vez. Este es ya el sentido de la Asamblea eucarística del domingo: después de su misión durante la semana, los cristianos se reúnen junto a Jesús... ¿Considero yo así mi participación en la misa? Pero es preciso que muchos cristianos se decidan a hacer más, aceptando otras "reuniones" donde participen con otros en una reflexión y una acción colectiva... en la que la Fe sea el fermento de la reflexión y de la acción.
-Le contaron cuanto habían hecho y enseñado... Una gracia a pedir al Señor: la revisión de vida apostólica. Esta revisión de nuestra vida con Jesús, es una de las formas mas útiles de oración. Cada noche debería darnos ocasión para "relatar" a Jesús "lo que hemos hecho". Si así lo hiciéramos cada día, podríamos dar un contenido mucho más rico a la "ofrenda" de nuestras misas y a nuestras puestas en común de equipos apostólicos. Ayúdanos, Señor, a revisar contigo nuestras vidas.
-El les dijo: "Venid, retirémonos a un lugar desierto para que descanséis un poco." Pues eran muchos los que iban y venían y ni espacio les dejaban para comer. Fuéronse en la barca a un lugar desierto... Hay un grado de sobrecarga, de tensión nerviosa, que resulta nefasto para el apostolado como para todo equilibrio simplemente humano.¡Gracias, Señor, por recordárnoslo! Y por ocuparte del "descanso" y de la distensión de tus apóstoles, después de un pesado período de misión. Necesidad de silencio, de recogimiento, de soledad. Esencial al hombre de todas las épocas... pero especialmente indispensable al hombre moderno, en la agitación de la vida de hoy. ¿Qué parte de mis jornadas o de mis semanas dedico voluntariamente al "desierto"?
-Las gentes ven alejarse a Jesús y a sus discípulos... De todas partes corren hacia allá y ¡llegan antes que ellos! Al desembarcar, Jesús ve una gran muchedumbre. Se compadece de ellos porque son como "ovejas sin pastor". Y se pone a enseñarles detenidamente. Este será un problema permanente de la Iglesia: la tensión entre "el pequeño rebaño" de los fieles... y el inmenso redil de la muchedumbre que espera... Jesús hubiera querido consagrarse a la formación más a fondo de su "pequeño grupo" ... pero cede a la llamada de la multitud. Se deja acaparar. Es su debilidad. El también se ha encontrado ante algunas urgencias. El también ha permitido que estorbasen sus planes y sus proyectos... por amor, "compadecido". Señor, consérvanos disponibles, aun en el seno mismo de nuestros planes muy bien previstos (Noel Quesson).
El verdadero pastor es aquél que da su vida por las ovejas, las cuida aunque vea venir al lobo que las mata y dispersa. Los demás, los mercenarios, quienes no son pastores cuando ven venir al lobo abandonan a las ovejas para salvar su pellejo.
Cristo es el Buen Pastor. Él da su vida por las ovejas en todo momento, también cuando no le queda ya tiempo ni para comer. Allí está Él, buscando un tiempo para descansar en compañía de sus discípulos, pero las almas necesitadas de Dios, le buscan para que les dé lo que más necesitan: AMOR.
Es como el padre que después de una jornada cansada y agotadora, regresa a casa con el único deseo de descansar. Pero no tiene en cuenta que allí están los chiquillos que le esperan para jugar un poco antes de irse a la cama. Al ver que sus hijos le piden algo que humanamente le es ya imposible, saca sus últimas fuerzas para seguir jugando y haciendo felices a sus hijitos, dándoles lo mejor de sí, aunque su cuerpo esté deshecho.
No importan las dificultades para el que ama. Si ama de verdad entonces todo queda en segundo plano, lo primero es la felicidad de aquellos a quienes ama. Así es Cristo con nosotros (José Rodrigo Escorza).
Santificar el descanso. Jesús sintió algo tan propio de la naturaleza humana como es la fatiga: lo vemos verdaderamente cansado del camino (Jn 4,6) y se sienta junto a un pozo porque no puede dar un paso más. El Señor experimentó el cansancio en su trabajo, como nosotros cada día, en los treinta años de vida oculta. En muchos otros pasajes del Evangelio también lo vemos extenuado. ¡Qué gran consuelo es contemplar al Señor agotado! En el cumplimiento de nuestros deberes, al gastarnos en servicio de los demás y en nuestro trabajo profesional, es natural que aparezca el cansancio como un compañero casi inseparable. Lejos de quejarnos ante esta realidad, hemos de aprender a descansar cerca de Dios: venid a Mí todos los que andáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré (Mateo 11, 28), nos dice el Señor. Unimos nuestro cansancio al de Cristo, ofreciéndolo por la redención de las almas, y nos esforzaremos en vivir la caridad con quienes nos rodean. No olvidemos que también hemos de santificar el descanso porque el Amor no tiene vacaciones.
Jesús aprovecha sus momentos de descanso junto al pozo de Jacob, para mover a la mujer samaritana a un cambio radical de vida (Juan 4, 8). Nosotros sabemos que ni siquiera nuestros momentos de fatiga deben pasar en vano. No dejemos de ofrecer esos períodos de postración o de inutilidad por el agotamiento o la enfermedad. El cansancio nos enseña a ser humildes y a vivir la caridad; nos dejaremos ayudar y entenderemos el consejo de San Pablo de llevar los unos las cargas de los otros (Gálatas 6, 2). La fatiga nos ayudará a vivir el desprendimiento, la fortaleza y la reciedumbre. Por otro lado, debemos vivir la virtud de la prudencia en el cuidado de la salud: si somos ordenados, encontraremos el modo de vivir el descanso en medio de una actividad exigente y abnegada.
Aprendamos a descansar. Y si podemos evitar el agotamiento, hagámoslo porque cuando se está postrado se tiene menos facilidades para hacer las cosas bien y vivir la caridad. “El descanso no es no hacer nada: es distraernos en actividades que exigen menos esfuerzo” (J. Escrivá, Camino) El descanso, como el trabajo, nos sirven para amar a Dios y al prójimo, por lo tanto la elección del lugar de vacaciones, o el descanso deben ser propicios para un encuentro con Cristo. Hoy veamos si nos preocupamos, como el Señor lo hacía, por la fatiga y la salud de quienes viven a nuestro lado: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo y descansar un poco (Mc 6,30-31; Francisco Fernández Carvajal).
Hoy, el Evangelio nos plantea una situación, una necesidad y una paradoja que son muy actuales.
Una situación. Los Apóstoles están “estresados”: «Los que iban y venían eran muchos y no les quedaba tiempo ni para comer» (Mc 6,30). Frecuentemente nosotros nos vemos abocados al mismo trasiego. El trabajo exige buena parte de nuestras energías; la familia, donde cada miembro quiere palpar nuestro amor; las otras actividades en las que nos hemos comprometido, que nos hacen bien y, a la vez, benefician a terceros... ¿Querer es poder? Quizá sea más razonable reconocer que no podemos todo lo que quisiéramos.
Una necesidad. El cuerpo, la cabeza y el corazón reclaman un derecho: descanso. En estos versículos tenemos un manual, frecuentemente ignorado, sobre el descanso. Ahí destaca la comunicación. Los Apóstoles «le contaron todo lo que habían hecho» (Mc 6,30). Comunicación con Dios, siguiendo el hilo de lo más profundo de nuestro corazón. Y —¡qué sorpresa!— encontramos a Dios que nos espera. Y espera encontrarnos con nuestros cansancios. Jesús les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco» (Mc 6,31). ¿En el plan de Dios hay un lugar para el descanso! Es más, nuestra existencia, con todo su peso, debe descansar en Dios. Lo descubrió el inquieto Agustín: «Nos has creado para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti». El reposo de Dios es creativo; no “anestésico”: toparse con su amor centra nuestro corazón y nuestros pensamientos.
Una paradoja. La escena del Evangelio acaba “mal”: los discípulos no pueden reposar. El plan de Jesús fracasa: son abordados por la gente. No han podido “desconectar”. Nosotros, con frecuencia, no podemos liberarnos de nuestras obligaciones (hijos, cónyuge, trabajo...): ¡sería como traicionarnos! Se impone encontrar a Dios en estas realidades. Si hay comunicación con Dios, si nuestro corazón descansa en Él, relativizaremos tensiones inútiles... y la realidad —desnuda de quimeras— mostrará mejor la impronta de Dios. En Él, allí, hemos de reposar (David Compte Verdaguer).
 
 
 

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