miércoles, 27 de enero de 2010

Tiempo ordinario II, jueves: David goza de la amistad de Jonatán, y Dios le protege. Jesús se nos muestra como “hijo de Dios”: ¿qué significa para nosotros?

Tiempo ordinario II, jueves: David goza de la amistad de Jonatán, y Dios le protege. Jesús se nos muestra como "hijo de Dios": ¿qué significa para nosotros?

 

Primer Libro de Samuel 18,6-9.19,1-7. A su regreso, después que David derrotó al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salían a recibir al rey Saúl, cantando y bailando, al son jubiloso de tamboriles y triángulos. Y mientras danzaban, las mujeres cantaban a coro: "Saúl ha matado a miles y David a decenas de miles". Saúl se puso furioso y muy disgustado por todo aquello, pensó: "A David le atribuyen los diez mil, y a mí tan sólo los mil. ¡Ya no le falta más que la realeza!". Y a partir de ese día, Saúl miró con malos ojos a David. Saúl habló a su hijo Jonatán y a todos sus servidores de su proyecto de matar a David. Pero Jonatán, hijo de Saúl, quería mucho a David, y lo puso sobre aviso, diciéndole: "Mi padre Saúl intenta matarte. Ten mucho cuidado mañana por la mañana; retírate a un lugar oculto y no te dejes ver. Yo saldré y me quedaré junto con mi padre en el campo donde tú estés; le hablaré de ti, veré que pasa y te lo comunicaré". Jonatán habló a su padre Saúl en favor de David, y le dijo: "Que el rey no peque contra su servidor David, ya que él no ha pecado contra ti. Al contrario, sus acciones te reportan grandes beneficios. El se jugó la vida cuando derrotó al filisteo, y el Señor dio una gran victoria a todo Israel. Si tanto te alegraste al verlo, ¿por qué vas a pecar con sangre inocente, matando a David sin motivo?". Saúl hizo caso a Jonatán y pronunció este juramento: "¡Por la vida del Señor, no morirá!". Jonatán llamó a David y lo puso al tanto de todo. Luego lo llevó a la presencia de Saúl, y David quedó a su servicio como antes.

 

Salmo 56,2-3.9-14. Ten piedad de mí, Señor, porque me asedian, todo el día me combaten y me oprimen: mis enemigos me asedian sin cesar, son muchos los que combaten contra mí.

Tú has anotado los pasos de mi destierro; recoge mis lágrimas en tu odre: ¿acaso no está todo registrado en tu Libro?

Mis enemigos retrocederán cuando te invoque. Yo sé muy bien que Dios está de mi parte; confío en Dios y alabo su palabra; confío en él y ya no temo: ¿qué pueden hacerme los hombres?

Debo cumplir, Dios mío, los votos que te hice: te ofreceré sacrificios de alabanza, porque tú libraste mi vida de la muerte y mis pies de la caída, para que camine delante de Dios en la luz de la vida.

 

Texto del Evangelio (Mc 3,7-12): En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

 

Comentario: 1S 18,6-9.19,1-7. A Saúl, lleno de complejos y depresiones psicológicas, sólo le faltaba escuchar el cántico de las muchachas a favor de David para ser presa de los celos. Por otra parte, bastante explicables, porque David tenía más carisma y se estaba mostrando como un buen líder militar, no sólo en su duelo singular con Goliat, sino también en otras acciones que se le habían encomendado después. Menos mal que su amigo Jonatán, el hijo de Saúl, le sigue fiel y le avisa de lo que se está tramando contra él. Más aún, Jonatán logra convencer a su padre de que abandone ese plan y prometa respetar la vida de David. No acabará ahí el conflicto, porque Saúl es muy voluble de carácter. Son historias muy humanas de amistad y enemistad y celos. También a través de ellas escribe Dios la historia. David queda siempre en buena luz, a pesar de sus fallos: con cualidades humanas que le atraen la amistad de hombres y mujeres, con un corazón grande que le llevará a perdonar a Saúl su perseguidor, y con una gran fe en Dios, a quien, a pesar de sus pecados, intenta seguir toda su vida. Las historias del AT son espejos en los que nos podemos mirar y hacer un poco de examen sobre cuáles son nuestras reacciones en el trato con los demás.

Después de la inverosímil y rocambolesca página de David y Goliat -que no obstante es portadora de una gran lección universal-, la página de hoy contrariamente está llena de humanidad. Se nos explica que, con la gracia de Dios, David poseía varias ventajas muy humanas que aseguran su popularidad:

1) Sus éxitos militares se multiplican. Es un hombre inteligente y hábil.

2) Su belleza física le gana ya la admiración de las mujeres.

3) Sus reales cualidades humanas le obtienen fieles amistades, entre ellas la de Jonatán, hijo de Saúl.

En el interior de esas situaciones muy corrientes, se juega también el destino del pueblo de Dios. Hay que aceptar esas lecciones aparentemente opuestas y contradictorias.

-Cuando David regresó victorioso, salían las mujeres de todas las ciudades para cantar danzando al son de los tamboriles, de los cantos de alegría y de los símbolos. Las mujeres danzando cantaban a coro ese refrán: «¡Saúl mató a millares, y David a millones!» ¡Qué secuencia de cine podría hacerse con ese escenario! ¡Cuán humano es esto y cuán ambiguo! Comparación: millares... millones... Así es la humanidad de siempre. Se va tras el que triunfa, y se abandona al que ha fracasado, aunque sea sólo en parte. Señor, ten piedad de los pobres de los que malogran sus vidas, de los que apenas tienen éxitos.

-Saúl se irritó mucho y desde aquel día miraba a David con ojos de envidia. Este es el precio del éxito: la envidia de los demás. Esto es también muy humano y muy ambiguo. Es a la vez un "feo defecto" y «una manera de compensar» lo que tiene de excesivo la admiración precedente. Señor, líbranos de esas comparaciones desmesuradas, y de esas envidias. Señor, líbranos del orgullo y de esa suficiencia por la que nos atribuiríamos a nosotros mismos el resultado de los dones que hemos recibido. "¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo hubieras recibido?" (1 Cor 4,7).

Ahora bien, Jonatán, hijo de Saúl amaba mucho a David, y le advirtió: «Mi padre, Saúl, te busca para matarte, anda sobre aviso.» La amistad entre dos jóvenes. David y Jonatán. Este es también un valor muy humano, que sirve aquí, los designios de Dios. Cualquier realidad puede ser a la vez positiva y negativa, constructiva y negativa. Se juzga al árbol por sus frutos, dirá Jesús. Pienso en mis amistades. ¿Sirven a mi expansión, a mi crecimiento, y al designio de Dios? Jesús, también conoció ese sentimiento: entre los doce, estaba Juan, «a quien amaba». Ayúdame, Señor, a poner todas mis facultades de afectividad a tu servicio y al servicio del mundo. Que jamás llegue a ser yo esclavo de ellas. Por el contrario, te pido que todas mis amistades y afectos sean útiles.

-Jonatán habló en favor de David a Saúl, su padre... Se atreve a comprometerse por su amigo con riesgo, sin duda, de ser mal visto él mismo. Mi amistad ¿me hace «aprovechón» del otro, para mi placer y mi expansión? o bien ¿significa para mí el servicio al otro, la disposición a la renuncia de mis propios beneficios para el bien del otro? (Noel Quesson).

2. Sal. 55. Dios se ha puesto de nuestro lado. Él ha salido en defensa nuestra por medio de Jesús, su Hijo, nuestro Salvador. Pero no sólo ha venido Él de un modo personal a ponerse de parte del hombre que sufre vejaciones por parte de gente injusta; una vez cumplida su misión entre nosotros, nos confió a nosotros, su Iglesia, continuar esa obra de salvación en el mundo. Por eso, puesto que no actuamos a nombre propio, sino en Nombre de Jesucristo, no podemos dedicarnos a destruirnos unos a otros, sino más bien hemos de estar al servicio del bien de los demás, preocupándonos de dar voz a los desvalidos y de salir en defensa de los oprimidos.

De otros salmos deducimos que, incluso en las horas de los mayores apuros y adversidades, David nunca colgaba en los sauces su arpa, sino que siempre estaba a tono para cantar las divinas alabanzas. Compuso este salmo estando en peligro inminente.

I. Se queja de la mala voluntad de sus enemigos, y pide misericordia para sí mismo y justicia contra ellos (vv. 1, 2, 5-7).

II. Confía en Dios, estando seguro de que le tenía de su parte y de que tendría oportunidad de alabarle y darle gracias mientras viviera (vv. 3, 4, 8-13).

David se echa por fe, en este salmo, en las manos de Dios, aun cuando en su miedo e insensatez se había echado en manos de los filisteos (1 S. 21:10, 11). El salmo es llamado, como algunos otros, mictam (probablemente, término musical), para ser cantado sobre la tonada de «la paloma silenciosa de los que están distantes». El Targum lo parafrasea así: «Concerniente a la comunidad de Israel, asemejada a una paloma silenciosa cuando están lejos de sus ciudades, se arrepienten y alaban al Señor del Universo.»

Los enemigos son muchos; se apoyan en su número para devorarle o pisotearle (vv 1,2). Se anima así mismo en Dios y en sus promesas, poder y providencia (vv. 3,4): «En el día en que temo, cuando me sobrecoge el miedo hasta el punto de huir despavorido (v 1 S.21:11), yo en ti confío, y sólo así puedo silenciar mis temores. »

Se consuela en que sus oraciones tendrán poder para derrotar y desbaratar a sus enemigos, así como para obtener El mismo consuelo y ánimo (v. 9): «Retrocederán, pues, mis enemigos el día en que yo clame; no necesito más armas que oraciones y lágrimas; esto sé, que Dios está por mí, esto es, de mi parte: para defender mi causa, protegerme y librarme; y si Dios está por mí, ¿quién puede estar contra mí hasta prevalecer? (comp. Ro. 8:31).» El mejor modo de triunfar en esta lucha es hacerla de rodillas (Ef. 6:18).

Se consuela en que su fe en Dios le pondrá a salvo de todo miedo al hombre (vv. 10, 11). Aquí repite, con mayor entusiasmo, lo que había dicho (v. 4): «En Dios alabaré su palabra; es decir, dependeré con toda firmeza de su promesa en atención a quien la hizo. En Dios he confiado, sólo en Él y, por consiguiente, no temeré, ¿qué puede hacerme la carne? (lit. v. 11), aunque muy bien sé lo que haría si pudiera » (vv. 1, 2).

Hace memoria de que está ligado a Dios por voto (v. 12): «Te debo, oh Dios, los votos que te hice -no como una carga que me pesa y deseo quitarme de encima, sino como un emblema del que me glorío. Habríamos de considerar como motivo de gozo los votos que hemos hecho a Dios -renovando junto a la Mesa del Señor los votos que le hicimos en nuestro bautismo; y los pronunciados en diversas ocasiones, bajo convicción o bajo corrección, para cumplirlos cuanto antes.

También se consuela con el pensamiento de que todavía tendrá más oportunidades de dar gracias a Dios (v. 12b): «Te ofreceré sacrificios de acción de gracias. » Esto formaba parte del cumplimiento de sus votos; pues es muy apropiado el que los votos de acción de gracias acompañen a las súplicas de favor y gracia, y cuando se ha recibido el favor ha de ser estimado como se merece, precisamente mediante la gratitud (v. 13): «Porque has librado (de nuevo, el pretérito profético) mi alma (es decir, mi vida) de la muerte, que estaba a punto de agarrarme. » Si Dios nos ha librado del pecado, ya sea, mediante la gracia preveniente, de cometerlo, ya sea, mediante la gracia del perdón, de su castigo, tenemos motivos para reconocer que ha librado de la muerte nuestra alma, pues la muerte es la paga del pecado (Ro. 6:23). Sigue diciendo (probablemente, en pregunta, no para pedir información, sino como declaración enfática del resultado): «¿No (has librado) mis pies de tropezar?» Se apoya en lo que Dios ha hecho por él, para darle gracias de lo que todavía ha de hacer por él, tomando por sucedido lo que está por suceder. La última frase del salmo puede traducirse en forma afirmativa o, mejor, continuando la pregunta. «Andar delante de Dios en la luz de los que viven» equivale a llevar una vida iluminada por la presencia de Dios, en contraste con la oscuridad de una vida pecaminosa, que no es más que el preludio de las tinieblas del averno o del Seol.

En el salmo ponemos en boca de David estas palabras: «Me atacan y me acosan todo el día: en Dios confío y no temo". La historia se repite en nuestra vida familiar o comunitaria. ¿Dónde quedamos retratados nosotros en este relato tan humano? ¿somos psicológicamente tan inseguros como Saúl? ¿nos dejamos llevar por los celos y la envidia cuando otros triunfan y reciben aplausos y nos hacen un poco de sombra? Si hubiera tenido un poco de humor, Saúl hubiera encajado el canto, que tampoco era como para tomarlo demasiado en serio, porque un poco de poesía épica se permite para celebrar un episodio así. ¿Sabemos ser buenos amigos, como Jonatán, tendiendo puentes, quitando hierro a las tensiones, para que las cosas no lleguen a mayores? El joven Jonatán, el hijo del rey, posible sucesor suyo, podría haber tenido motivos de celos con David, porque su amigo era mucho más popular que él. Pero no se dejó llevar del resentimiento y fue a su amistad.

 

3.- Mc 3,7-12. Después de las cinco escenas conflictivas con los fariseos, el pasaje de hoy es una página más pacífica, un resumen de lo que hasta aquí había realizado Jesús en Galilea. Por una parte su actuación ha estado llena de éxitos, porque Jesús ha curado a los enfermos, liberado del maligno a los posesos, y además predica como ninguno: aparece como el profeta y el liberador del mal y del dolor. Nada extraño lo que leemos hoy: «Todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo».

Pero a la vez se ve rodeado de rencillas y controversias por parte de sus enemigos, los fariseos y los letrados, que más tarde acabarán con él. De momento Jesús quiere -aunque no lo consigue- que los favorecidos por sus curaciones no las propalen demasiado, para evitar malas interpretaciones de su identidad mesiánica.

Jesús, ahora el Señor Resucitado, sigue estándonos cerca, aunque no le veamos. Nos quiere curar y liberar y evangelizar a nosotros. Lo hace de muchas maneras y de un modo particular por medio de los sacramentos de la Iglesia. En la Eucaristía es él quien sigue hablándonos, comunicándonos su Buena Noticia, siempre viva y nueva, que ilumina nuestro camino. Se nos da él mismo como alimento para nuestra lucha contra el mal. Es maestro y médico y alimento para cada uno de nosotros. ¿Cuál es nuestra reacción personal: la de la gente interesada, la de los curiosos espectadores, o la de los que se asustan de su figura y pretenden hacerle callar porque resulta incómodo su mensaje? Además, ¿intentamos ayudar a otros a que sepan quién es Jesús y lo acepten en sus vidas? (J. Aldazábal).

-"Jesús con sus discípulos" se retiró hacia la ribera del lago... y muchas gentes le seguían de la misma Galilea y también de Judea, de Jerusalén, de la Idumea, la Transjordania, del país de Tiro y de Sidón... De manera manifiesta, ¡Marcos insiste en toda esta geografía! No son sólo los judíos de Palestina quienes corren tras de Jesús, sino gentes de todas las comarcas y regiones vecinas: algunos paganos sin duda, atraídos por su Palabra y por sus curaciones. Ser misionero. Atraer al evangelio. Cuestionar a los que buscan al verdadero Dios. Que tu Iglesia, Señor Jesús, sea toda ella misionera, como Tú. ¡Judea, Idumea, Transjordania, Tiro, Sidón! No llega aún a la apertura internacional, total, de Pentecostés, pero es ya el primer signo. ¿Cómo es la apertura de mi corazón?

-Oyendo lo que hacía, acudían a El. Dijo a sus discípulos que le preparasen una barca para que el tropel de la gente no le oprimiese. Jesús apretujado por la muchedumbre, en medio del gentío, Jesús popular. Mientras los escribas y fariseos se han clasificado de golpe en el grupo de la oposición... la "muchedumbre está entusiasmada. Marcos subraya así el contraste, en verdad sorprendente, entre la hostilidad de que Jesús es objeto por parte de los círculos dirigentes... y la popularidad de que es objeto por parte de las gentes sencillas, pobres. Estas muchedumbres se volverán un día contra El. Pero por el momento lo andan buscando.

-Pues curaba a muchos, y cuantos padecían algún mal se echaban sobre El para tocarle. Maravillosa escena concreta en la que uno encuentra toda la vehemencia y la simplicidad de las gentes del pueblo. Hasta aquí, Marco no nos da ni un solo discurso de Jesús. El Jesús que nos describe no es hablador, actúa, sana. Y es esto lo que ellos vienen a buscar junto a El: su curación. Jesús es el salvador: el anti-mal. Cuando se tiene un mal, cuando se sufre, uno se precipita sobre El para tocarle. ¡El me librará! ¡Ayúdame, Señor, a trabajar contigo! A luchar contra el mal, con todas mis fuerzas, en el día de hoy. El mal bajo todas sus formas: la enfermedad, la ignorancia, el hambre, el odio, la indiferencia. la soledad, el pecado. Te ofrezco, Señor, todo mi trabajo de este día: quiero trabajar en la promoción de algunos seres, levantar el ánimo a algunas personas, sanar algunos sufrimientos, alegrar a algunos de nuestros hermanos, aliviar algunas penas... ¡contigo!

-Los espíritus impuros al verle se prosternaban ante él y "gritaban" diciendo: tú eres el Hijo de Dios. El, con imperio, les mandaba que no le diesen a conocer. Consigna del silencio. Jesús rehúsa el triunfo y la popularidad que tan ambiguos son. Los demonios saben "quien" es Jesús, y le gritan. El entusiasmo popular, lejos de manifestar lo esencial de la persona de Jesús, se arriesga a que todo fracase, poniendo el acento sobre aspectos secundarios. Tu reino, Señor, no es una "empresa' ordinaria. Va progresando lentamente; discretamente, en lo secreto de los corazones. La Fe no es un grito. Es un modesto descubrimiento interior... que se purifica poco a poco (Noel Quesson).

Vemos en el Evangelio de la Misa a tanta gente necesitada que acude a Cristo (Lucas 6, 19; 8, 45). Y les atiende, porque tiene un corazón compasivo y misericordioso. Las muchedumbres andan hoy tan necesitadas como entonces. También ahora las vemos como ovejas sin pastor, desorientadas, sin saber a dónde dirigir su vida. La humanidad, a pesar de los progresos, sigue padeciendo la gran falta de la doctrina de Cristo, custodiada sin error por el Magisterio de la Iglesia. Las palabras del Señor siguen siendo palabras de vida eterna que enseñan a huir del pecado, a santificar la vida ordinaria, las alegrías, las derrotas y la enfermedad..., y abren el camino de la salvación. En nuestras manos está ese tesoro de doctrina para darla a tiempo y a destiempo (2 Timoteo, 4, 2). Ésta es la tarea verdaderamente apremiante que tenemos los cristianos.

Para dar la doctrina de Jesucristo es necesario tenerla en el entendimiento y en el corazón: meditarla y amarla. Necesitamos conocer bien el Catecismo, esos libros "fieles a los contenidos esenciales de la Revelación y puestos al día en lo que se refiere al método, capaces de educar en una fe robusta a las generaciones cristianas de los tiempos nuevos" (Juan Pablo II, Catechesi tradendae). Os entrego lo que recibí (1 Cor 11,23), decía San Pablo. Id y enseñad..., nos dice a todos el mismo Cristo. Se trata de una difusión espontánea de la doctrina, de modo a veces informal, pero extraordinariamente eficaz, que realizaron los primeros cristianos como podemos hacerlo ahora: de familia a familia, entre los compañeros de trabajo, en la calle, en la Universidad: estos medios se convierten en el cauce de una catequesis discreta y amable, que penetra hasta lo más hondo de las costumbres de la sociedad y de la vida de los hombres.

Al advertir la extensión de esta tarea –difundir la doctrina de Jesucristo- hemos de empezar por pedirle al Señor que nos aumente la fe. Debemos tener en cuenta que sólo la gracia de Dios puede mover a voluntad para asentir a las verdades de la fe. Por eso, cuando queremos atraer a alguno a la verdad cristiana, debemos acompañar ese apostolado con una oración humilde y constante; y junto a la oración, la penitencia, quizá en detalles pequeños, pero sobrenatural y concreta. Señor, ¡enséñanos a darte a conocer! Santa María, ¡ayúdanos para que sepamos ilusionar a otros muchos en esta noble tarea de difundir la Verdad! (Francisco Fernández Carvajal).

Una gran muchedumbre sigue a Jesús, de hecho ha venido a llamar a todos, a congregar un solo rebaño con un solo pastor, donde Jesús es la puerta que da al aprisco, al terreno seguro en el que conseguir la paz anhelada, la felicidad de hijos de Dios, el paso o bautismo de salvación: hemos sido bautizados «en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo» (1Cor 12,13). En estos días rezamos por la unidad de los cristianos, y hoy el Evangelio nos muestra «una gran muchedumbre de Galilea» y de otros lugares (cf. Mc 3,7). Ya es sintomático que Jesús sea Galileo, tierra considerada poco religiosa por los Judea; y cuando Jesús habla de alguien caritativo cita la parábola del samaritano, tierra paganizada cuyos habitantes eran mal vistos por los judíos, considerados pecadores. Jesús está abierto a todos, y en cambio los cristianos –como antes los judíos- nos hemos dividido en grupos, se han disgregado los ortodoxos, y luego todos los protestantes (anglicanos, luteranos, etc.). Pecado histórico que hemos de reparar, con la oración y una caridad viva e imaginativa, en nuestra realidad eclesial y social. Que nuestro amor sea atrayente, para los que están lejos, que al vernos digan: "quiero ser como éste", y seamos reflejo de Jesús. Él pide al Padre, para la Iglesia, la unidad: «Que todos sean uno, para que el mundo crea» (Jn 17,21); y nosotros también pedimos al Espíritu Santo que la Iglesia de Cristo tenga un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32-34).

En cuanto a las referencias de los Evangelios sobre esta expresión, algunas de las manifestaciones de Jesús como Hijo de Dios en los sinópticos (la mayoría) van ligadas a referencias angélicas o de demonios, o al menos en su contexto. En cambio, en el de Juan es una reflexión de Jesús sobre sí mismo. Es normal esto pues en este último Evangelio la reflexión sobre la divinidad de Jesús está aceptada fielmente, y en los otros la expresión "hijo de Dios" no tiene significado correcto para la gente (era una referencia a los reyes, y como extensión a todo hijo de Israel, especialmente al pueblo como tal), como las otras acepciones también politizadas de Mesías, o bien alguna ambigua como hijo de David que sí tiene sentido pero sin expresar la divinidad, y por eso Jesús inventa la expresión "hijo del hombre" uniendo la tradición del profeta Daniel (el ser pre-existente que vendrá a la tierra desde Dios) a la tradición del siervo de Yahvé del libro de Isaías. Esta expresión, "hijo del Hombre", le permitió desvelar progresivamente la divinidad, que no sería aceptada al principio, y paulatinamente se va descubriendo.

Es algo misterioso sin embargo que los demonios pronuncien –en el texto del Evangelio de hoy- de un modo singular lo que ahora es el nombre propio de Jesús, el "Hijo de Dios". En el Evangelio del encuentro de Jesús con Natanael, le presenta alabando su sencillez: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño»; le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús algo curioso, que pienso se refiere a los pensamientos que el joven tenía momentos antes: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Y respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

La comunicación divina suele ser por la intervención activa de los ángeles. Gabriel fue enviado para anunciar a María Santísima la concepción virginal del Hijo de Dios (cf. Lc 1). Algunas de las ocasiones se refiere Jesús a sí mismo como el "el Hijo del hombre", como al señalar cuando "venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles"...  Pero veamos los textos de los cuatro evangelistas:

a) Tomemos la versión de San Mateo. La expresión "Hijo de Dios", el Evangelio de hoy la pone en boca de los demonios, como también en el Evangelio de las tentaciones a Jesús; donde también el demonio le dice:

-"si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan…" y en otra:

-"Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, de modo que no tropieces con tu pie en piedra", y en otro lugar los demonios:

-"Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?"

-aquí hay una manifestación de los discípulos cuando calma la tempestad: "Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios"; esto se repite en la escena que comentaremos en el punto siguiente, cuando Jesús les pregunta quién dicen ellos que es Él:

-"Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente".

-también el Sumo sacerdote le dijo: "Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios";

-y cuando en la cruz le increpan: "si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz";

-y los sumos sacerdotes le increpaban en burlas: "Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios";

-y el centurión cuando proclama al contemplar su muerte: "Verdaderamente éste era Hijo de Dios".

(De las 9 ocasiones que sale en Mateo, 3 son del demonio y de las 5 restantes, 3 son de burla y 3 en positivo, de gente admirada que adora Jesús).

 

b) En Marcos se proclama desde el principio:

-"El principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios…"

-"los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios"; como también esta otra frase de un demonio:

-"Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes"

-Y se vuelve a la escena del centurión: viendo que después de clamar había expirado así, dijo: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios".

(de las 3 ocasiones, 2 corresponden a los demonios, 2 a adoración)

 

c) En Lucas, está el saludo del ángel:

-"que nacerá, será llamado Hijo de Dios".

-vuelven las tentaciones: "le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan";

-la del pináculo del templo: "Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo";

-También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: "Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo"; como también esta otra frase, del que al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz:

-"¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes".

-En el juicio: "Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy.

(De las 6, 4 son del demonio, y 1 del ángel, la que queda de burla de los que lo juzgan).

 

d) En Juan, en cambio, el Evangelio que más habla de la divinidad de Jesús, es Jesús el que se autodenomina "Hijo de Dios":

-"Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios".

-Respondió Natanael y le dijo: "Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel".

-La reflexión teológica con Nicodemo: "El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios".

-de los apóstoles, la respuesta que luego comentaremos: "Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente".

-De los discursos en el templo: "Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán".

-Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: "¿Crees tú en el Hijo de Dios?

Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?

Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró".

-Otra discusión del templo: "Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?

Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.

-En la resurrección de Lázaro: Oyéndolo Jesús, dijo: "Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella"… y más tarde a Marta: Crees esto?

-Le dijo: "Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo".

-En la petición de crucifixión: Los judíos le respondieron: "Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios".

-Al final: "Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre". 

(Aquí vemos 4 proclamaciones de los discípulos, 5 auto-proclamaciones de Jesús, y 1 del juicio acusándolo de proclamarse Hijo de Dios).

3. La afirmación de Jesús como Hijo de Dios responde a la pregunta explícita o implícita (por los hechos que hace Jesús, con autoridad) sobre quién es: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" (Mt 16,15). Decía Juan Pablo II: "nos sentimos interpelados por la misma pregunta que hace casi dos mil años el Maestro dirigió a Pedro y a los discípulos que estaban con Él. En ese momento decisivo de su vida, como narra en su Evangelio Mateo, que fue testigo de ello, "viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron: unos, que Juan el Bautista; otros que Elías; otros que Jeremías u otro de los profetas. Y Él les dijo: y vosotros ¿quién decís que soy?" (Mt 16,13-15).

Conocemos la respuesta escueta e impetuosa de Pedro: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16,16). Para que nosotros podamos darla, no sólo en términos abstractos sino como una expresión vital, fruto del don del Padre (Mt 16,17), cada uno debe dejarse tocar personalmente por la pregunta: "Y tú, ¿quién dices que soy? Tú, que oyes hablar de Mí, responde: ¿Qué soy de verdad para tí?". A Pedro la iluminación divina y la respuesta de la fe le llegaron después de un largo período de estar cerca de Jesús, de escuchar su palabra y de observar su vida y su ministerio (cfr. Mt 16,21-24)". En el fondo, la pregunta de Jesús es libre, no induce a una respuesta determinada, no fuerza y no tiene miedo a ser rechazado, esto es particularmente importante en el momento difícil de su vida, cuando la cruz se perfilaba cercana y muchos le abandonaban, y ante el abandono del discurso de Cafarnaum hizo a los que se habían quedado con El otra de estas preguntas tan fuertes, penetrantes e ineludibles: "¿Queréis iros vosotros también?". Fue de nuevo Pedro quien, como intérprete de sus hermanos, le respondió: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios" (Jn 6, 67-69). La grandeza de Jesús es misteriosa, como respeta nuestra libertad y estar dispuesto a quedarse solo, no forzar con su poder nuestra respuesta… también estas preguntas nos indican que es justo por nuestra parte que estemos disponibles para dejarnos interrogar por Jesús, capaces de dar la respuesta justa a sus preguntas, dispuestos a compartir su vida hasta el final (cf. Audiencia general, 7-I- 1987).

La respuesta de Pedro aparece ante nuestra mirada como un "laboratorio de la fe", en expresión del mismo Papa, pero para profundizar en esta imagen de Jesús tomamos ahora unas brillantes palabras de Pablo VI: muestran cómo Jesús "está en el vértice de la aspiración humana, es el término de nuestras esperanzas y de nuestras oraciones, es el punto focal de los deseos de la historia y de la civilización, es decir, es el Mesías, el centro de la humanidad, Aquel que da un valor a las acciones humanas, Aquel que conforma la alegría y la plenitud de los deseos de todos los corazones, el verdadero hombre, el tipo de perfección, de belleza, de santidad, puesto por Dios para personificar el verdadero modelo, el verdadero concepto de hombre, el hermano de todos, el amigo insustituible, el único digno de toda confianza y de todo amor: es el Cristo-hombre. Y, al mismo tiempo, Jesús está en el origen de toda nuestra verdadera suerte, es la luz por la cual la habitación del mundo toma proporciones, formas, belleza y sombra; es la palabra que todo lo define, todo lo explica, todo lo clasifica, todo lo redime; es el principio de nuestra vida espiritual y moral; dice lo que se debe hacer y da la fuerza, la gracia, de hacerlo; reverbera su imagen, más aún se presencia, en cada alma que se hace espejo para acoger su rayo de verdad y de vida, de quien cree en El y acoge su contacto sacramental; es el Cristo-Dios, el Maestro, el Salvador, la Vida" (Aloc. 3 de febrero de 1964).

La vida de fe lleva a confesar el nombre de Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios vivo es; él es nuestro Redentor, el Camino; nuestro Maestro, la Verdad; el Amigo que nos resucita, la Vida. Es el centro de la historia y del mundo; quien conoce nuestro interior y nos ama tal como somos; plenitud de nuestros afanes y felicidad que colma nuestros anhelos. Luz para nuestra inteligencia, Pan para darnos fortaleza, Fuente de agua viva que colma toda sed de conocer y amar; Pastor y guía que nos acompaña y consuela, Rey de un Reino de las bienaventuranzas donde los pobres son ricos, los que lloran felices, los pacíficos mandan desde el servicio, la mirada pura de los que aman de corazón ilumina con su transparencia a todos y todas las cosas. Es el puente que une cielo y tierra, el sueño de Jacob en su escalera por donde los ángeles presentan a Dios nuestras obras junto a Jesús…

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