lunes, 11 de enero de 2010

El Bautismo del Señor: había un “Siervo” de Dios, el preferido, que hoy es ungido con la fuerza del Espíritu Santo, pues es Jesús. Cuando se bautizó, mientras oraba, se abrió el cielo. También nosotros podemos sentir que el Padre nos dice: “tú eres m

El Bautismo del Señor: había un "Siervo" de Dios, el preferido, que hoy es ungido con la fuerza del Espíritu Santo, pues es Jesús. Cuando se bautizó, mientras oraba, se abrió el cielo. También nosotros podemos sentir que el Padre nos dice: "tú eres mi hijo… te he engendrado hoy".

 

1. Isaías cuenta que Dios habla de un "siervo", el elegido, el preferido, que no tendrá miedo para hacer justicia, el guía, el nuevo Moisés para llevar al nuevo pueblo, con más poder que todos los héroes que hemos nunca soñado, "luz de las naciones" con misión universal, el gran libertador, personaje misterioso, como si tuviera antifaz. Jesús, sé que tú eres creador de cielos y tierra, Redentor, sacerdote y Amigo, del que habla el profeta que nos salvas, creo en ti y quiero pedirte una cosa: que me enseñes a estar siempre contigo, a no dejarte. Que sepa decir a Dios que sí, como tu madre, como tú. Miraré a la Virgen a los ojos, en su cuadro o imagen, y le diré: Mamá, Madre, Madre mía Inmaculada, o Ave María, Purísima, sin pecado concebida, que no me separe de Jesús ni de ti. Todo tuyo soy María  y mis cosas tuyas son; Tú, mi Madre. Tú, mi Reina, mi ideal de petición. Todo tuyo soy, María, por amor a Ti  me doy, para ser esclavo tuyo, y por Ti serlo de Dios. Quiero aprender a dirigir miradas de cariño a las imágenes o cuadros de la Virgen y de Jesús para saberme mirado por ellos, saber que soy de la familia de Dios. Tendré en mi habitación un cuadro, estampa o imagen de la Virgen y cada vez que entre o salga la miraré con mucho cariño.  Y le diré algo así: Eres la más hermosa de las mujeres. Quiero mirarme en ti para ser mejor hijo de Dios, pues tú eres más pura que el sol, más bella que la luna, más limpia y más hermosa que la nieve recién caída, que un cielo azul, sin nubes.  Eres el espejo más limpio, donde mejor se refleja la Hermosura de Dios.  Más que tú sólo Dios. Si Dios quiso tu pureza inmaculada para preparar a su Hijo Jesús una morada digna, quiero parecerme a ti para vivir mi alma en el Bautismo que hoy celebramos, hacer limpieza, ahí se lavó el pecado original y ahora quiero estar también limpio de todo pecado. Como la ropa limpia es más bonita, y el cuerpo limpio, no sólo la cara, quiero tener el alma limpia: es lo más importante, el vaso limpio por dentro. Rezaré la comunión espiritual: yo quisiera Jesús recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los Santos. Así como tú Madre mía estuviste fuerte en la lucha contra el demonio, quiero estar fuerte contigo, y rezaré cada día las Tres Avemarías y me protegeré con tu manto, con el Santo Escapulario, y en las tentaciones acudiré a ti con oraciones como esta: Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha de pecado original. Bendita eres Tú, Virgen Inmaculada, sobre todas las mujeres de la tierra. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Madre de Dios, intercede por nosotros. 

2. El Salmo nos habla de tormentas, pero Dios nos dice que no tengamos miedo, que quiere mucho a las aves del cielo y a nosotros más. Que miremos las flores del campo y los pájaros que no necesitan hacerse vestidos, y Dios los viste de colores tan preciosos que ni un rey o una reina pueden vestirse así. Pues a nosotros nos quiere y nos cuida mucho más. ¿Sabéis por qué? Por nosotros somos hijos suyos. Dios nos ha dado la vida y nos ha hecho así, como somos: con ojos que pueden ver, una lengua que puede hablar, manos que pueden coger las cosas, pies que pueden andar; y, por dentro, algo maravilloso, que nos hace parecidos a Dios, con la que podemos pensar, rezar, y querer a Dios y a nuestros padres, hermanos, amigos... ¿y es?... El espíritu, de hijos de Dios. ¿Hay alguna diferencia entre una muñeca, un mono y un niño? Ellos tienen ojos, pero no... Tienen manos, pero no... ¿y por dentro tienen algo? ¿pueden rezar, querer, como vosotros? Dios nos ha dado todas las cosas que ha hecho: Los animales, las aves y los peces para que nos alimentemos; las plantas con sus flores y frutos, el sol, el mar, las montañas... Dios nos quiere más que a todas las criaturas de la tierra, porque somos hijos suyos. Por todo debemos darle gracias, y para parecernos a Él como hijos suyos, debemos ser también muy generosos. ¿Tú sabes ya dar o prestar alguna cosa a tus amigos? Voy a querer a todos los niños, jugar con todos, ser amigo de todos, pues todos son hijos de Dios. Como cuenta esta familia, mira: "Hoy, durante el desayuno, a Juan le recordaba su padre el difícil primer día en un colegio extranjero, de habla inglesa. Juan estaba bien pegado a papá, no entendía casi nada. En esto que va y se acerca un niño, mira a Juan a los ojos, sonriente, y le dice would you like to go with me to the playground and play?  Juan tuvo que preguntar a papá qué decía aquel sonriente niño. Que si irías a jugar con él al patio…  Juan no se animó, era demasiado pronto, y se disculpó como pudo. Sin asomo de malestar, y con una sonrisa aún más amplia, el niño dijo: It is ok, we will play together another time! (Ah, no pasa nada, ya jugaremos juntos en otra ocasión). Jerôme, americano-israelí, judío, 10 años. Muchas gracias, Jerome, de corazón."

            Gracias, muchas gracias, Jesús. Por las aves del cielo, los peces del mar y los animales todos de la tierra. Por las flores y frutos y todos los árboles que adornan la tierra. Por el sol que ilumina los días y la luna y estrellas que lucen en la noche. Por el agua llovida del cielo, por las fuentes, los ríos y el inmenso mar. Por los padres y hermanos que me has dado, por los amigos y profesores del Colegio. Porque me has dado la vida y me has hecho hijo de Dios. En la Misa podemos "meternos" en la vida de Jesús…

¿Y cuando el cielo se oscurece? A veces las fuerzas del mal parecen hacerme daño… pues entonces iré a ti Jesús, a protegerme en tu corazón para que los rayos malos no me hagan daño, para no tener miedo de la oscuridad. Porque Tú Jesús eres el Señor de la tempestad, tú reinas sobre las nubes como lo haces sobre el cielo azul. Contigo estoy seguro. Quiero verte también en las dificultades y problemas, en las cosas que salen mal, en los pecados y suspensos, en los fracasos y en mis tonterías, en los rechazos de los demás y en mis modos de ser que a veces me parecen estúpidos, en los modos de ser de los demás cuando me parecen pesados, y me gustaría incluso que alguien no existiera o se fuera o se pusiera enfermo o le pasara algo… quiero verte así como te veo en la alegre luz del sol.

3. Los Hechos nos recuerdan que Jesús fue "ungido" (tocado, señalado, escogido) por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él". Pedro se encuentra en casa de Cornelio, extranjero y descubre que no debe distinguir ya entre inmigrantes y judíos, entre gente de razas y ricos y pobres: todos somos hijos de Dios. Como los reyes magos representan las razas de la tierra, ahora vemos que el bautismo es para blancos, amarillos, negros… todos somos hermanos, hijos de Dios. Nadie es más que otro, nadie es menos que otro. Es igual que sea moro o español, indio o asiático. Cristo es de todos. Todos los hombres son iguales ante la salvación de Dios. Pedro confiesa abiertamente que ahora comprende lo que dicen las Escrituras, que Dios no hace distinciones y que el Evangelio no puede detenerse ante las fronteras de ningún pueblo, raza o nación. Todavía hay mucho racismo, todavía nos cuesta mirar a los ojos a aquel vecino extranjero, o a aquel inmigrante que trabaja en casa, o a aquella dependienta de la panadería, que no habla bien nuestro idioma, como si nuestro idioma fuese El Idioma: Jesús es de todos y todos somos hijos de Dios, también los que no son como yo (muchas veces, añadiría afortunadamente…)

4. El Evangelio nos enseña a Juan que dijo: - "Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego". Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre Él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: - "Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto." A partir de este momento comenzará a proclamar el Reino de Dios, primero en Galilea, y toda su predicación será el anuncio de la felicidad. También nosotros hemos de pasar haciendo el bien, curando, enseñando... porque Jesús nos acompaña.

llucia.pou@gmail.com

 

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