jueves, 21 de junio de 2012

Viernes semana 11 tiempo ordinario

Los tesoros que nos interesan son la felicidad que nos viene de Dios, el amor de Dios que nos salva más allá de todos los problemas

«No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre corroen y donde los ladrones socavan y los roban. Amontonad en cambio tesoros en el Cielo, donde ni polilla ni herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. Porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tu ojo es malicioso, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tinieblas, cuán grande será la oscuridad» (Mateo 6, 19-23)

1. Jesús, tú tienes palabras de vida eterna, que llenan la oscuridad de mi alma cuando se fija sólo en los pobres tesoros terrenales. Tú nos invitas a algo más alto, los tesoros del cielo.

«No amontonéis tesoros en la tierra». Señor, quiero amontonar tesoros en el cielo, invertir en ti, entregarte mi corazón, servirte con amor. Y ¿qué es lo más valioso para mí?, ¿qué es lo que busco con mayor afán? Jesús, me invitas a no contentarme con lo efímero. Nuestra existencia en la tierra es una existencia amenazada, frágil. Utilizas una imagen inolvidable: la pequeña carcoma roe y con ello estropea un hermoso mueble... y la minúscula polilla agujerea el mejor de los vestidos de lana o seda... Sé que los bienes de consumo no son los verdaderos bienes del hombre. Quiero¡trabajad para el cielo!

-“Donde está tu tesoro (tu riqueza), está también tu corazón”. El instinto de propiedad forma parte de la naturaleza humana, el deseo de poseer está profundamente inscrito en nuestros corazones. Los sabios de todas las religiones han aconsejado la moderación. Jesús no aconseja de sofocar el deseo sino de dirigirlo mejor.

-“La lámpara del cuerpo es el ojo. Por esto si tu ojo está limpio, sano, tu cuerpo entero tendrá luz”. Nos hablas ahora, Jesús, de la importancia de los ojos... de la mirada: en este momento pienso en tus ojos: ¡cuán límpida debía ser tu mirada, cuán alegres tus ojos y tan amables! Trataré hoy de mejorar la calidad de mis miradas. Los ojos son la base para la comunión con los demás. ¡No sabemos ver! Pasamos al lado de innumerables ocasiones de entrar en comunicación con los demás, hermanos nuestros, conocidos o desconocidos. Señor, enséñanos a mirar... a salir de nosotros mismos.

-“Si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras”. Y si la luz que tienes está oscura, ¡qué oscuridad tan grande! Ojo sano, es también corazón sano. Ojo malo, es signo de un corazón malo. Señor, que mi mirada sea sana: Si el ojo está sano, vemos bien, si el ojo está enfermo, nos vemos rodeados de tinieblas. Quiero tener mi ojo, mi mirada, puesta en ti, que eres la luz y fuente de toda luz, que iluminas el misterio de la oscuridad humana. Si no lo tuviera puesto en Dios, vivirás en tinieblas, dentro del misterio de mi propia oscuridad.

Como rezaba san Francisco de Asís: “oh alto y divino Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón. Dame una fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta, humildad profunda. Dame juicio y discernimiento para cumplir tu santa y divina voluntad”. No me dejes, Señor, que te necesito para dirigir mis pasos hacia el camino bueno… tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Te pido que no me despiste poniendo el corazón donde no debo, que tú seas mi verdadero tesoro, el motor de mis acciones.

El ojo es la imagen del corazón. El hombre entero se refleja en sus ojos. Dios es Luz, dirá san Juan... ¡porque Dios es amor! El que no ama vive en las tinieblas.

Te ofreceré, Señor, todas las cosas que hago: “esta es la manera práctica de ir amontonando tesoros en el Cielo, y también es la forma de que Tú vayas siendo mi tesoro, y por tanto el punto de mira de mi corazón, «porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón»” (Pablo Cardona).

«Los defectos que ves en los demás quizá son los tuyos. ‘Si oculus tuus fuerit simplex...’ -Si tu ojo fuere sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado; mas si tienes malicioso tu ojo, todo tu cuerpo estará oscurecido.

”Y más aún: «¿ cómo te pones a mirar la mota en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está dentro del tuyo?».

”Examínate» (s. Josemaría, Surco 328). Jesús, te pido ser una persona que sepa ver las cosas buenas de los demás; que sea yo optimista, que vea lo positivo en todo, con la fe. Dicen que la anorexia es una percepción visual equivocada: alguien que se ve gordo al espejo aunque no sea verdad. Miramos dependiendo de cómo estamos por dentro, y así veré los defectos muchas veces si yo también los tengo, como un espejo de mis propios defectos: mi soberbia, mi envidia, mi sensualidad, mi pereza.

«Y si la luz que hay en ti es tinieblas, cuán grande será la oscuridad.» Por eso, Jesús, te pido tu luz, esa “lámpara especial que, junto con las imágenes, ilumina mi mundo interior, mi modo de ver las cosas: la inteligencia. A través de la formación que reciba, interpretaré todo de una manera o de otra. Por eso es tan importante que cuide mi formación espiritual a través de la lectura, de charlas de formación o de la dirección espiritual. Esa formación será como una luz que alumbre mi camino y me ayude a decidir en cada momento lo que debo y no debo hacer; y también me llevará a pedir consejo ante lo que no sepa” (Pablo Cardona).

2. La monarquía de entonces, como a veces nuestros gobiernos de hoy, tienen una ambición de poder que llega a ahogar el bien común. –Atalía hizo exterminar toda la estirpe real, nos cuenta 2Reyes (11,1-4.9-18.20).

-Pero Josabet (esposa del sumo sacerdote Joad)... tomó a Joas, lo escondió, y evitó así su muerte. Se prepara la venganza y justicia con violencia: Atalía mató a sus nietos, también ella será asesinada... Ella usurpó el trono, a su vez será también destronada. Y se prepara esa operación larga y trabajosa salvando de la muerte a un niño. Hoy también hay partidarios de la violencia…

-Durante seis años estuvo Joas escondido en el Templo... Entonces, dieron muerte a Atalía, y el sumo sacerdote concertó una alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, para que el pueblo fuera el pueblo del Señor... El reino de Joas fue un largo reino de paz y de piedad. Se hizo todo esto «para que el pueblo sea el pueblo del Señor» muestra el motivo por el cual el sumo sacerdote se había comprometido: Danos, Señor, la firmeza de nuestras convicciones y de nuestros compromisos... y el respeto profundo de las libertades y de las opciones de los demás (Noel Quesson).

3. Con el Salmo (132) te cantamos, Señor, tu providencia que nos cuida más allá de las desgracias, pues nos dices: «El fruto de tu seno asentaré en tu trono. Si tus hijos guardan mi alianza, el dictamen que yo les enseño, también sus hijos para siempre se sentarán sobre tu trono

Has querido, Señor, a tu Iglesia, tu pueblo, para nuestra felicidad y así te glorificamos. Llamas a tu Hijo a la vida humana, para que nos salve: «Aquí está mi reposo para siempre, en él me sentaré, pues lo he querido. Allí suscitaré a David un fuerte vástago, aprestaré una lámpara a mi ungido; de vergüenza cubriré a sus enemigos, y sobre él brillará su diadema».

Llucià Pou Sabaté

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