sábado, 12 de noviembre de 2011

Domingo XXXIII del tiempo ordinario (A): aprovechemos los talentos que Dios nos ha dado, en el servicio a los demás, pues con esta medida podremos rec

Domingo XXXIII del tiempo ordinario (A): aprovechemos los talentos que Dios nos ha dado, en el servicio a los demás, pues con esta medida podremos recibir la gracia del cielo
Lectura del libro de los Proverbios 31,10-13.19-20.29-31. Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? / vale mucho más que las perlas. / Su marido se fía de ella / y no le faltan riquezas. / Le trae ganancias y no pérdidas / todos los días de su vida. / Adquiere lana y lino, / los trabaja con la destreza de sus manos. / Extiende la mano hacia el huso / y sostiene con la palma la rueca. / Abre sus manos al necesitado / y extiende el brazo al pobre. / Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura; / la que teme al Señor merece alabanza. / Cantadle por el éxito de su trabajo, / que sus obras la alaben en la plaza.
Sal 127,1-2. 3. 4-5. R/. Dichoso el que teme al Señor.
¡Dichoso el que teme al Señor / y sigue sus caminos! / Comerás del fruto de tu trabajo, / serás dichoso, te irá bien. / Tu mujer como parra fecunda, / en medio de tu casa; / tus hijos como renuevos de olivo / alrededor de tu mesa.
Esta es la bendición del hombre / que teme al Señor. / Que el Señor te bendiga desde Sión, / que veas la prosperidad de Jerusalén, / todos los días de tu vida.
Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 5,1-6. Hermanos: En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis que os escriba. Sabéis perfectamente que el Día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar. Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y vivamos sobriamente.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 25,14-30. En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: -Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó. [El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.]
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: -Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.
Su señor le dijo: -Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y dijo: -Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.
Su señor le dijo: -Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante: pasa al banquete de tu señor.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: -Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.
El señor le respondió: -Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará, hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Comentario: 1. Pr 31.10-13.19-20.30-31. El problema del feminismo es que ha habido machismo desde hace tiempo, y se ha aplicado el patrón del resto de aspectos sociales: antagonismo, confundir igualdad con uniformidad; negarse, en definitiva, a reconocer que hombre y mujer son distintos. Hombre y mujer son iguales en dignidad, en derechos, en oportunidades que deben recibir, en la consideración como seres humanos, etc. La marginación y sumisión en que la mayoría de las sociedades han tenido a la mujer probablemente se deba a una mala interpretación de la diferencia de cualidades entre el hombre y la mujer; pero el camino para resolver este grave error histórico no es cometer otro y negar las diferencias. En nuestro mundo urge admirar la existencia de una femineidad y la existencia de una masculinidad: Dios creó al hombre y a la mujer (varón y varona, dice literalmente la Biblia, para que se vea claramente la igualdad), y a los dos los hizo a su imagen y semejanza; y sólo a Eva reconoció Adán como carne de su carne y sangre de su sangre. Hay, por tanto, una evidente igualdad. Los creó "varón y varona", diferentes, distintos, para que se complementaran -no para que uno sometiera a otra, ni tampoco una al otro-. La primera lectura de hoy alaba a una mujer que sabe realizar correctamente las tareas domésticas… quizá es hora de que el Estado instaure la seguridad social y la pensión para las amas de casa, para realzar esta dignidad.
A vueltas con el refranero.- Dada la gran atracción que la mujer ejerce sobre el hombre: "Más tira moza que soga", no es raro que el hombre de todos los tiempos haya plasmado en refranes el papel decisivo que, para bien o para mal, puede ejercer la mujer en el hogar: "Con mal anda la casa donde la rueca manda a la espada", y un proverbio latino: "Femina raro bona, sed quae bona, digna corona". El predominio cultural del hombre ha recalcado más los aspectos negativos que los positivos. -También en los libros sapienciales de la Biblia encontramos proverbios de este mismo talante; "Más vale vivir en rincón de azotea que en taberna con mujer pendenciera" (21,9), "la mujer hacendosa es corona del marido, la de mala fama es caries en los huesos" (12,4; cf. 18,22; 5,15ss.). Aquí, la madre del rey Lemuel (v.1) presenta a su hijo el cuadro de una buena ama de casa (vv.10-31). Es un bello poema alfabético (cada uno de los veintidós versículos empieza con una letra diversa del alfabeto hebreo), sin ningún orden. Es el poema en su conjunto, y no el recorte de versículos, el que produce en el lector un gran impacto. Relato más apto para ser escuchado que comentado. El autor tiene ante los ojos a la mujer de sus sueños. La presenta como modelo a imitar por los israelitas e ideal de compañera, casi utópica, a alcanzar por el futuro esposo. -La interrogación del v. 10 no indica pesimismo. Una mujer, como la que nos presenta el poema, es difícil de encontrar, pero no imposible. El valor de la perla radica precisamente en su escasez; y el que la encuentra ha encontrado un gran tesoro. -Con su trabajo y buena administración mejora la economía de la casa y tiene un papel decisivo en la posición social del marido. Es comedida y certera en sus palabras, solícita con sus empleados y caritativa con los pobres (vv.11-27). Su marido y sus hijos la felicitan y la alaban (vv. 28-29). Sus mismas obras pregonan su personalidad (v.31). Una mujer de este calibre sólo puede causar admiración. -En el v.30 encontramos el único elemento religioso del poema: el temor de Dios está por encima de la caduca hermosura. Nuestro refranero hablará de sensatez: "Cabello largo y corto el seso", "anillo de oro en jeta de puerco es la mujer hermosa falta de seso" (11,22). La mujer ideal ha de poseer gran dosis de sensatez y, según Proverbios, debe integrar en su vida el aspecto religioso: deberá estar abierta a la divinidad en el amor (alteridad de la Alianza) y en el temor (saber reconocer su puesto y darse cuenta de la superioridad de la divinidad). Este es el concepto de “temor” bíblico, que nada tiene que ver con nuestra idea del temor… Si el autor de este libro viviera hoy, estoy seguro de que defendería con fuerza y tozudez los derechos de la mujer, su puesto en la sociedad, su igualdad en el trabajo..., nos presentaría un cuadro diverso de mujer… La mujer ideal, cantada por Proverbios, no guarda relación alguna con la importancia del puesto ocupado, sino con el saber hacer y comportarse con los que le rodean. Mujer ideal puede ser cualquiera que "preparó la comida, lavó la ropa, amamantó a sus hijos, veló a los enfermos, recorrió mil ventanillas solicitando un descuento o una ayuda" (J.M. Cabodevilla). En la sencillez que irradia paz y alegría entre los hombres radica la fuerza de esta mujer de Proverbios (A. Gil Modrego).
San Josemaría Escrivá hacía depender la sociedad de la familia y ésta de la mujer… El autor sagrado exige mucho de la mujer (cf. 11,22;12,4;14,1;19,13, etc.) pero concluye el libro con este canto a la mujer completa (cf. Pr 20,6, donde se hace la misma pregunta respecto al hombre ideal). El ideal femenino de aquí corresponde a una cultura patriarcal (se la considera algo así como una eterna menor de edad, inmadura: el muro de la casa, por ejemplo, es como el velo que preserva a la fuente de vida, que es la mujer, contra las nefastas influencias externas. A pesar de esto, la esposa judía no es, en modo alguno, la sempiterna esclava de que nos hablan otras culturas, basta ver los relatos de cómo se preparan las niñas chinas para el matrimonio, rompiéndoles los pies para empequeñecerlos –muchas mueren- y relegándolas a una habitación-cárcel para toda la vida), pero vemos algunos valores permanentes: espíritu fuerte y laborioso… lo más hermoso de la mujer son las virtudes que tiene (“Eucaristía 1990”). Fray Luis de León dedicó a estos versos un hermoso comentario, titulado "La perfecta casada". La lección de este fragmento es muy iluminadora en nuestros días, cuando la mujer va recuperando el lugar que siglos de injusticia y relegación le han negado; y aunque algunos puntos de las comparaciones no sean del todo actuales, el espíritu y la línea de este elogio admirable lo convierten en la página más brillante de la Biblia sobre la mujer; por eso, la Iglesia lo lee en la liturgia de las mujeres santas. De una manera práctica y concreta, el poema va describiendo las múltiples y acertadas actividades de la mujer ideal. En su casa reina la serenidad, la paz, la confianza y la prosperidad, y todos gozan de buen nombre; la causa es la presencia de esta mujer extraordinaria, de personalidad y carácter, enteramente entregada al bien de la familia, preocupada por todos, incluso en los detalles más insignificantes. Tiene iniciativa y acierta en lo que hace dentro y fuera de casa, pues esta esposa compra y vende campos, comercia con lo que fabrica y adquiere sus productos. Por eso (23) constituye la felicidad de su esposo y la alegría de sus hijos que la alaban y se complacen en ella; los criados se ven también favorecidos por su administración prudente y generosa, y los necesitados reciben ayuda de su atención y solicitud. Actividad y donación, entrega total fruto de un amor grande y centrado en los de casa y en el bien de su pueblo: ésos son los valores que nuestro texto pondera, no la belleza ni la apariencia externa (30). La segunda parte de este versículo se puede interpretar de dos maneras. Si seguimos el texto hebreo, deberemos traducir: «La mujer que merece alabanza es la que teme al Señor» sería una conclusión lógica y hermosa del poema dedicado a la mujer virtuosa. Si nos atenemos a la versión de los Setenta, deberemos leer: "Lo que hay que ensalzar es el temor del Señor"; se trataría de la conclusión del libro de los Proverbios, que comienza mostrándonos como principio de la sabiduría el temor de Yahvé (1,7). Las dos formas expresan la lección de un libro que nos ha querido mostrar que el bien auténtico del hombre y el camino que le lleva a la vida es escuchar y aceptar las enseñanzas de la sabiduría personificada en Cristo (J. M. Vernet).
2. El Sl 127 hace parte de los "salmos graduales" que los peregrinos cantaban caminando hacia Jerusalén. Desde los 12, cada año, Jesús "subió" a Jerusalén con motivo de las fiestas, y entonó este canto. La fórmula final es una "bendición" que los sacerdotes pronunciaban sobre los peregrinos, a su llegada: "Que el Señor te bendiga desde Sión, todos los días de tu vida..." Leemos un idilio encantador de sencillez y frescura. Es el cuadro de la "felicidad en familia", de una familia modesta: allí se practica la piedad (la adoración religiosa... La observancia de las leyes...), el trabajo manual (aun para el intelectual, constituía una dicha, el trabajo de sus manos), y el amor familiar y conyugal... En Israel, era clásico pensar que el hombre "virtuoso" y "justo" tenía que ser feliz, y ser recompensado ya aquí abajo con el éxito humano. En parte aún no había la revelación del cielo, pero quizá también hay mucho espiritualismo desencarnado. El pensamiento bíblico es más realista: afirma que Dios nos hizo para la felicidad, desde aquí abajo... ¿Por qué acomplejarnos si estamos felices? ¿Por qué más bien, "no dar gracias", y desear para todos los hombres la misma felicidad? No se trata tampoco de caer en el exceso contrario, el de los "amigos de Job" que establecían una ecuación casi matemática: ¡Sé piadoso, y serás feliz! ¡Sé malvado, y serás desgraciado! Sabemos, por desgracia, que los justos pueden fracasar y sufrir, y los impíos por el contrario, prosperar. El sufrimiento no es un castigo. Es un hecho. Y el éxito humano, no es necesariamente señal de virtud. Sigue siendo verdad en el fondo, que el justo es el más feliz de los hombres, al menos espiritualmente, en el fondo de su conciencia: "¡feliz, tú que adoras al Señor!": "¡Feliz tú, que honras al Señor y le eres obediente!" Con frecuencia dijo Jesús: "felices... felices... felices...". Son las Bienaventuranzas. Jesús también prometió la felicidad: "Felices aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica". "Tu mujer... Tus hijos..." Un ideal para la pareja. "Que el hombre no separe lo que ha unido Dios" (Marcos 10, 2-16...). La familia y demás relaciones humanas nobles no tienen por qué romperse. Jesús conoce el amor filial hacia el Pare, su ternura hacia los niños, la amistad, la paternidad espiritual y la relación esposal con la Iglesia (Ap 19,7; 21,2; Mt 9,15;25,1; Jn 3,29; 2 Cor 1,2), de cuya imagen es aquí otra vez la "viña" (cf. Jn 15). "Mi hijo, ve a trabajar en mi viña" (Mt 21,28).
Amor divino y humano... Recitemos este salmo pensando en los que amamos, orando por su felicidad, pidiendo que ellos aprendan a "amar". Las dos imágenes, la viña y el olivo, evocan la alegría: dos árboles frutales típicos del oriente... que dan el vino y el aceite. La imagen de los "hijos alrededor de la mesa" nos invita a orar por los niños, por su unión fraternal, porque las oposiciones entre padres e hijos no se agudicen. El trabajo profesional... La humanidad... La Sociedad, la felicidad de Jerusalén condiciona la felicidad de cada familia judía. Ningún hombre, ninguna mujer, ninguna familia, ningún grupo particular construye su felicidad en contra de la felicidad de los demás. La dimensión social de la existencia humana es constantemente subrayada por la Biblia: oro por mi país, por los organismos en que estoy comprometido, por la ciudad en que vivo, por mis conciudadanos. La felicidad... Tenemos marcada tendencia, a pensar en Dios sólo cuando "algo va mal", como si fuera el "tapa-huecos" de nuestras debilidades, de nuestros fracasos. Damos una imagen muy mezquina de Dios, cuando hacemos de El "motor auxiliar" de nuestras incapacidades. Descubramos la alabanza, y la oración festiva: que se alegra cuando "algo va bien", y que dice "¡gracias!" (Noel Quesson). Es una gracia de Dios comer juntos, sentirse en familia y charlar y comentar y comer y beber todos juntos en la alegre intimidad del grupo unido. Comer juntos es bendición de Dios. Quiero aprender el arte de la conversación en la mesa, marco elegante de cada plato en gesto de humor y cortesía…
3. 1 Ts 5, 1-6. Hay una falsa mística cristiana, que se funda en la paz y en la seguridad. La verdadera mística es la de la sorpresa: nuestro Dios es un Dios ladrón de nuestras seguridades burguesas y, por lo tanto, exige de nosotros una actitud de apertura a todo lo nuevo y sorprendente. Cuando Israel tiene acceso al régimen de la fe, ya había considerado el acontecimiento como el terreno privilegiado para el encuentro con Dios. Pero, cuando imagina la salvación, es decir, la intervención decisiva de Yahvé en favor de su pueblo, la circunscribía a un día que no pertenecía ya al tiempo de la historia, un día que debía detener el curso de la historia: el "día de Yahvé". Se produjo entonces una especie de dicotomía entre el tiempo profano y el sagrado, el tiempo del hombre y el tiempo de Dios. Jesús de Nazaret ha modificado profundamente estos valores tradicionales. El Reino que Él nos ofrece se construye aquí abajo, en lo cotidiano de la existencia. A su modo de ver, no existe para el hombre más que un solo tiempo: el que le toca vivir, plenamente, como el lugar en que Dios interviene para salvarnos. Esta es la tesis de Pablo: en lugar de esperar desesperadamente un "día de Yahvé", es mejor vivir con Dios, en la luz, cada uno de los días que nos toque vivir (también Mt reponde sobre la venida del Hijo del hombre con la vigilancia de cada día: Maertens-Frisque). Pablo insiste en la imprevisibilidad del día del Señor (Mt 24,43 ss.; Ap 3,3; 16,15)... La fe en la "parusía" relativiza la actitud del cristiano frente a todas las grandes realizaciones históricas. Por eso, cuando estén diciendo: "paz y seguridad, entonces de improviso les sobrevendrá la ruina". En una palabra, los cristianos, aun alegrándose de las victorias humanas sobre sus múltiples alienaciones, nunca juzgarán definitiva una época histórica, sino que siempre adoptarán frente a ella una actitud crítica y de espera (Comentarios, edic. Marova). Vigilantes y sobrios, no seremos sorprendidos (1 Tes 5,1-6). Ese Día del Señor, del que habla ya el profeta Amós (5,18-20) como de un día terrible, es el que Jesús describe como súbito (Mt 24,43; Lc 12,39). Hemos de velar siempre... Esta vigilancia supone sobriedad, es decir, aquella búsqueda del no-condicionamiento, del verdadero despego en orden a la venida de Cristo (Adrien Nocent). Decía D. Miguel de Unamuno que no sabía si merecíamos un más allá ni que la lógica nos lo muestre; "digo" -seguía- que lo necesito, merézcalo o no, y nada más. Digo que lo que pasa no me satisface, que tengo sed de eternidad, y que sin ella me es todo igual. Yo necesito eso, ¡lo ne-ce-si-to! Y sin ello ni hay alegría de vivir ni la alegría de vivir quiere decir nada. Es muy cómodo esto de decir: "¡hay que vivir, hay que contentarse con la vida!" ¿Y los que no nos contentamos con ella?" Don Miguel se atreve, pues, a afirmar la absurdez fundamental si no hay un más allá (B. Cebolla). Pero después de hablar de que Jesús vendrá como un ladrón, les dice Pablo que no tengan angustia, pues aunque tengan que vivir de momento en las tinieblas, no pertenecen a ellas (5). La venida del Señor es el día y, por tanto, no les da miedo. El Apóstol quiere quitar a los tesalonicenses toda angustia que pueda paralizarlos para la practica del bien según el evangelio. Como soldados en vela, debemos estar armados «con la coraza de la fe y de la caridad y con el yelmo de la esperanza de la salvación» (8), por medio del Señor Jesucristo, que murió por ellos (10). Ni siquiera el creyente está seguro, pero puede abandonarse por completo a la misericordia divina (M. Gallart).
4. Mt 25. 14-30. Los judíos piadosos buscaban su seguridad personal en la observancia de la Ley, con el fin de hacer méritos ante Dios, pero entre tanto, por su exclusivismo egoísta, la religión de Israel se convertía en una magnitud estéril: por ello, Israel será desposeído de lo que tiene, y se dará a un nuevo pueblo que, aceptando el riesgo que implica toda inversión, sea capaz de hacer fructificar los dones recibidos (J. Lligadas)… se pueden dar muchas interpretaciones alegóricas, pero la parábola de los talentos está ahí, misteriosa y clara, y sigue al domingo pasado en su invitación a vivir con la mirada puesta en el futuro: "Velad porque no sabéis el día ni la hora". También podemos decir que el hombre que se marcha es Jesús subiendo al cielo. Los talentos, las capacidades que cada cristiano tiene. La vuelta, la segunda venida de Jesús al final de los tiempos. El tiempo entre la marcha y la vuelta de Jesús, la historia humana. El rendimiento de cuentas, el juicio final en el que cada uno deberá responder de las capacidades recibidas. El premio y el castigo, el cielo y el infierno… pero Mateo quiere reavivar no la zozobra (esto queda para frustrados, personas que han perdido el tren de la vida, agoreros y fatalistas), sino la vigilancia, es decir, la actitud abierta al futuro de Dios y de nosotros con Él. Una vez más, la plástica y la crudeza de las imágenes (esto es una parábola) ayudan más que cien palabras a despertar esta actitud abierta o de vigilancia y que en la parábola se expresa como actividad económica. Jesús era un maravilloso maestro del lenguaje. No estropeemos su lenguaje lleno de garra ni lo entenebrezcamos con nuestras alegorías del miedo. Miremos sin más hacia fuera de nosotros y hacia adelante, hacia la línea del horizonte en que el Hombre (cada uno de nosotros) y Dios se funden en un abrazo. Es el día y la hora (Alberto Benito).
Quien quiera ver lo negativo –tiene más fuerza- se fijará en el último administrador, el que recibe sólo un talento de plata y se lo guarda… el dueño le recrimina, pues no fue prudencia, como hacemos nosotros cuando decimos: "Yo estoy en paz con Dios porque no hago daño a nadie, porque no me meto con nadie, y voy a misa y rezo"... No es eso lo que quiere Dios, no es eso lo que predica Jesús, los pecados de omisión es hacer lo que el administrador que se guarda su talento y no lo hace rendir. Un cristiano queda en paz con Dios cuando se esfuerza porque los dones que tiene sirvan para que avance la causa del Evangelio en el mundo, para que crezca un poco más en el mundo la esperanza, el amor, la fe; y ello, aunque suponga complicaciones, riesgos, errores. porque si uno se queda encerrado sin preocuparse de nada, sin duda no se encontrará con ningún riesgo ni problema, pero al final Dios le llamará "negligente y holgazán", como al administrador del talento. Por el contrario, si uno quiere ser fiel, sin duda se encontrará con momentos poco claros, y se equivocará probablemente más de una vez. Pero Dios podrá decirle al final que ha sido fiel a lo que él quería: que los dones que él ofrece a los hombres den fruto (J. Lligadas). Vivir los talentos es no conformarse con un cristianismo flojo, una fe rutinaria y no nos limitamos a ir tirando, sino que aprovechamos toda la riqueza y la fuerza de los dones que Dios nos da para que -poco a poco y sencillamente- vayamos creciendo como hijos y nos vayamos asemejando a la imagen de su Hijo, Jesús. Cada uno de nosotros debe considerar con responsabilidad cómo trabaja los dones de Dios, es decir, si está respondiendo a lo que Dios espera de él (J. Colomer). Asi lo comenta Orígenes: “El justo siembra para el espíritu, y del Espíritu cosechará vida eterna… el justo siembra para el espíritu, y del Espíritu cosechará vida eterna. En realidad, todo lo que «otro», es decir, el hombre justo, siembra y recoge para la vida eterna, lo cosecha Dios, pues el justo es posesión de Dios, que siega donde no siembra, sino el justo. Lógicamente diremos también que el justo reparte limosna a los pobres y que el Señor recoge en sus graneros todo lo que el justo ha repartido en limosnas a los pobres. Segando lo que no sembró y recogiendo lo que no esparció, considera y estima como ofrecido a sí mismo todo lo que se sembró o se esparció en los fieles pobres, diciendo a los que hicieron el bien al prójimo: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer”, etc… para el que piensa que Dios es bueno, seguro de conseguir su perdón si se convierte a él, para él Dios es bueno. Pero para el que considera que Dios es bueno, hasta el punto de no preocuparse de los pecados de los pecadores, para ese Dios no es bueno, sino exigente… sembremos para el espíritu y esparzamos en los pobres, y no escondamos el talento de Dios en la tierra. Porque no es buena esa clase de temor ni nos libra de aquellas tinieblas exteriores, si fuéremos condenados como empleados negligentes y holgazanes. Negligentes, porque no hemos hecho uso de la acendrada moneda de las palabras del Señor, con las cuales hubiéramos podido negociar y regatear el mensaje cristiano, y adquirir los más profundos misterios de la bondad de Dios. Holgazanes, porque no hemos traficado con la palabra de Dios la salvación, nuestra o la de los demás, cuando hubiéramos debido depositar el dinero de nuestro Señor, es decir, sus palabras, en el banco de los oyentes, que, como banqueros, todo lo examinan, todo lo someten a prueba, para quedarse con el dogma bueno y verdadero, rechazando el malo y falso, de suerte que cuando vuelva el Señor pueda recibir la palabra que nosotros hemos encomendado a otros con los intereses y, por añadidura, con los frutos producidos por quienes de nosotros recibieron la palabra. Pues toda moneda, esto es, toda palabra que lleva grabada la impronta real de Dios y la imagen de su Verbo, es legítima”. Todo lo de hoy es una llamada a aprovechar el tiempo, que es breve… No es superfluo mirar hacia adelante. No es de "alienados" el pensar en lo que nos espera al final del camino. Es más bien, como nos decían las lecturas del domingo pasado, la verdadera sabiduría. Como es sabiduría para un estudiante pensar en el final del curso y sus exámenes ya desde octubre. Como es sabiduría para un deportista ir acumulando puntos desde el principio de la competición. La plegaria eucarística IV le da gracias por ello: "a imagen tuya creaste al hombre (Dios creador, el hombre, colaborador de esta creación), y le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote sólo a ti, su creador, dominara todo lo creado..." Nuestra pregunta hoy es: ¿en verdad estoy dando rendimiento a las cualidades que tengo? Hay mucho que hacer en la sociedad, en la Iglesia: ¿aporto yo mi colaboración, o bien me inhibo, dejando que los demás trabajen? Mi salud, mi vida, mis habilidades, las he recibido como bienes a administrar. No importa si son diez o dos talentos: ¿los estoy trabajando, o me he refugiado en la pereza y la satisfacción? Al final del tiempo -que no sé si será breve o largo- se me pedirá cuenta. ¿Me voy a presentar con las manos vacías? ¿Se podrá decir que mi vida, sea larga o breve, ha sido plena, que me he "realizado" según el plan que Dios tenía sobre mí? Ha sonado un despertador en nuestro calendario… que nos habla de compromiso, de empeño constructivo, de actividad diligente para que nuestra existencia sea provechosa y fructífera, para nosotros y para los demás, sin dejarnos amodorrar por el sueño o la pereza (J. Aldazábal).
Hace muchos años, acaso no tantos, con ocasión de las "santas misiones", solía hablarse del juicio final en términos verdaderamente dramáticos. Sin saber por qué, se lanzaban las "verdades eternas" como una especie de artillería pesada para forzar la rendición incondicional de los más recalcitrantes. Situar el juicio final en el último día, sin más trascendencia que el de un ajuste general de cuentas, es anecdotizar el contenido de la fe, minimizar su alcance y alienar al creyente. Creer en el juicio final no es saber que un día se celebrará un juicio por todo lo alto, en el que todos nos enteraremos de la vida y milagros de los demás. Tal actitud contraviene la esperanza en la justicia de Dios, degradándola a un cotilleo universal. Creer en el juicio final es creer ya que el hombre, todos y cada uno, por insignificantes que nos haga la masificación actual, tenemos que responder de la vida, de los talentos. Es estar convencidos firmemente de que somos responsables, de que no podemos desentendernos de la vida y refugiarnos en "vivir nuestra vida", al margen y sin tener en cuenta a los demás; es estar persuadidos de que no podemos tener la conciencia tranquila y "lavarnos las manos" cuando nos interesa no comprometernos. Porque el que, como Pilato, se lava las manos, es un irresponsable. Y no podrá presentarse con las manos limpias en el juicio de Dios. Sólo tiene las manos limpias el que no "se lava las manos" (“Eucaristía 1975”). Así animaba Luther King: “Debemos rezar constantemente por la paz, pero también debemos trabajar con todas nuestras fuerzas por el desarme y la suspensión de las pruebas de armas. Debemos utilizar nuestra inteligencia rigurosamente para planear la paz como la hemos utilizado para planear la guerra. Debemos rogar apasionadamente por la justicia racial, pero también debemos utilizar nuestras inteligencias para desarrollar un programa, organizarnos en acción de masas pacíficas y valernos de todos los recursos corporales y espirituales para poner fin a la injusticia racial. Debemos rezar infatigablemente por la justicia económica, pero también debemos trabajar con diligencia para llevar a término aquellos planes sociales que produzcan una mejor distribución de la riqueza en nuestra nación y en los países subdesarrollados del mundo. ¿No nos revela todo esto la falacia de creer que Dios eliminará el mal de la tierra aunque el hombre no haga otra cosa que sentarse complacido al borde del camino? Ningún rayo del cielo eliminará jamás el mal. Ningún poderoso ejército de ángeles descenderá para obligar a los hombres a hacer lo que no quieren hacer. La Biblia no nos presenta a Dios como un zar omnipotente que toma decisiones por sus súbditos, ni como un tirano cósmico que con parecidos métodos a los de la Gestapo invada la vida interior del hombre, sino como un Padre amoroso que concede a sus hijos todas las abundantes bendiciones que quieran recibir con buena disposición. El hombre tiene que hacer algo siempre. "Ponte en pie, que voy a hablarte" (Ez 2,1). El hombre no es un inválido total abandonado en un valle de depravación hasta que Dios le saque. El hombre más bien es un ser humano válido, cuya visión está averiada por los caracteres del pecado, y cuya alma está debilitada por el virus del orgullo, pero le queda suficiente visión para levantar los ojos hacia las montañas y le queda aún el recuerdo de Dios para que oriente su débil y pecadora vida hacia el Gran Médico que cura los estragos del pecado”. G. Bernanos ha observado que los cristianos poseen un mensaje de liberación. Pero que en la historia, han sido frecuentemente los otros los que han “liberado” a los hombres, por la inactividad de muchos “cristianos”. La colecta de hoy es una llamada a comprender correctamente qué significa esta fructificación de los talentos: "En servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero"… “Te he confesado hasta el fin / con firmeza y sin rubor. / No he puesto nunca, Señor, / la luz bajo el celemín. / Me cercaron con rigor / angustias y sufrimientos, / pero en mis desalientos / vencí, Señor, con ahínco. / Me diste cinco talentos / y te devuelvo otros cinco” (José Mª Pemán).

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