domingo, 5 de agosto de 2012

Domingo de la semana 18 de tiempo ordinario; ciclo B

Meditaciones de la semana
en Word y en PDB

Jesús nos da el pan de su misma Vida, fuerza para luchar y acoger su amor, para ir al cielo

«Al día siguiente, la multitud que estaba al otro lado del mar vio que no había allí más que una sola barca, y que Jesús no había subido a la barca con sus discípulos, sino que éstos se habían marchado solos. Llegaron otras barcas de Tiberíades, junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor: Cuando vio la multitud que Jesús no estaba allí ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún buscando a Jesús. Y al encontrarle al otro lado del mar, le preguntaron: Maestro, ¿cuándo llegaste aquí? Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que vosotros me buscáis no por haber visto los milagros, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad no por el alimento que perece sino por el que perdura hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre, pues a éste lo confirmó con su sello Dios Padre. Ellos le preguntaron: ¿Qué haremos para realizar las obras de Dios? Jesús les respondió: Esta es la obra de Dios, que creáis en quien Él ha enviado.
«Le dijeron: ¿Pues qué milagro haces tú, para que lo veamos y te creamos? ¿Qué obras realizas tú? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del Cielo. Les respondió Jesús: En verdad, en verdad os digo que no os dio Moisés el pan del Cielo, sino que mi Padre os da el verdadero pan del Cielo. Pues el pan de Dios es el que ha bajado del Cielo y da la vida al mundo. Ellos le dijeron: Señor, danos siempre de este pan. Jesús les respondió: Yo soy el pan de vida; el que viene a mino tendrá hambre, y el que cree en mino tendrá nunca sed» (Jn 6, 22-35).

1. Veo, Jesús, que la gente ansía verte. Pero tú ves su interior, y les dices: «me buscáis no por haber visto los milagros, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.» Yo también muchas veces te busco para que las cosas me vayan bien, “para algo”. Me gustaría tu ayuda, Señor, para buscarte “por ti”, sin más interés. Por eso hoy quieres mostrarnos el alimento «que perdura hasta la vida eterna,» que es tu propio cuerpo y sangre en la Eucaristía.

Quiero preguntarte, como ellos, “qué hacer”, y entender bien lo que les respondes: creed en Mí. «Esta es la obra de Dios, que creáis en quien Él ha enviado.»

Jesús, eres Vida para nosotros, como nos dices hoy: “es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Qué bien, poder comulgar, tenerte dentro como vida y fuerza, para vivir esta aventura que es la vida, y no tener hambre ni sed, de nada, porque él está con nosotros hasta el cielo; pues entonces te dijeron: - «Señor, danos siempre de este pan.» Y yú les contestaste: -«”Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed

Contaba Benedicto XVI: “Recuerdo bien el día de mi primera Comunión (…) en el centro de mis recuerdos alegres y hermosos, está este pensamiento (…): comprendí que Jesús entraba en mi corazón, que me visitaba precisamente a mí. Y, junto con Jesús, Dios mismo estaba conmigo.

”Y que era un don de amor que realmente valía mucho más que todo lo que se podía recibir en la vida; así me sentí realmente feliz, porque Jesús había venido a mí.

Y comprendí que entonces comenzaba una nueva etapa de mi vida —tenía 9 años— y que era importante permanecer fiel a ese encuentro, a esa Comunión. Prometí al Señor: "Quisiera estar siempre contigo" en la medida de lo posible, y le pedí: "Pero, sobre todo, está tú siempre conmigo". Y así he ido adelante por la vida. Gracias a Dios, el Señor me ha llevado siempre de la mano y me ha guiado incluso en situaciones difíciles. Así, esa alegría de la primera Comunión fue el inicio de un camino recorrido juntos. Espero que, también para todos vosotros (…) sea el inicio de una amistad con Jesús para toda la vida. El inicio de un camino juntos, porque yendo con Jesús vamos bien, y nuestra vida es buena (...)

Si Jesús dice "yo soy el pan de vida", quiere decir que Jesús mismo es este alimento de nuestra alma, del hombre interior, que necesitamos, porque también el alma debe alimentarse (…) Jesús nos alimenta para llegar a ser realmente personas maduras y para que nuestra vida sea buena”.

¡Qué bonito, Señor, poder comulgar, tenerte, y contigo tener el cielo dentro! ¡Tener tu vida, Jesús: quiero ser como tú, hacer las cosas contigo, que me vayas haciendo santo…!

Quiero hacer ahora mi comunión espiritual: “Yo quisiera, Jesús, recibirte, con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos…”

2. El libro del Éxodo nos habla de cómo protestan los israelitas en el desierto contra Moisés y Aarón, añoran las comidas y tienen miedo de morir de hambre. “El Señor dijo a Moisés: - «Yo haré llover pan del cielo… hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."” Se posaron muchas codornices, y se cubrió el suelo de algo blanco, y al verlo, los israelitas se dijeron: - «maná? ¿Qué es esto?», y Moisés les dijo: -«Es el pan que el Señor os da de comer»”. Están en el desierto que es lucha, prueba, cerca del Sinaí, y hay murmuraciones y protestas contra Moisés y contra Dios. A veces cuando tenemos contradicciones nos ponemos nerviosos, y nos pasa como a ellos que protestamos. En lugar de seguir andando en esta excursión que es la vida, y llegar a un lugar precioso, nos desanimamos y volvemos, porque nos cuesta esforzarnos. En lugar de la libertad los israelitas prefieren la esclavitud que tenían en Egipto. La libertad es riesgo, y es más cómodo no ponerse a caminar. Para hacer una excursión necesitamos llenar la mochila de comida, para alimento espiritual necesitamos el pan del cielo, y nos lo dará Jesús en la Eucaristía, pan de los ángeles. Para el combate contra los romanos Astérix y los suyos tienen la poción mágica que les da energía, y nosotros tenemos los sacramentos que es algo mucho más mágico que para darnos fuerza (es sobrenatural) y la comunión sobre todo, el pan del cielo. La gracia nos alimenta a medida que tenemos fe, cuanta más fe tengamos más nos aprovecha… por eso si somos muy amigos de Jesús nos dará más fuerza, para ir por los desiertos que nos encontremos: del mal carácter-mal genio, de enfados o de pereza, y otras cosas que cuesten como cansarnos de portarnos bien, de esforzarnos en cumplir lo que tenemos que hacer, de escoger entre la comodidad y la libertad, y no ceder al encanto de las sirenas de lo fácil.

El Salmo nos dice: “El Señor les dio un trigo celeste... Y el hombre comió pan de ángeles”, que es la comunión, con lo que “los hizo entrar por las santas fronteras”, que es casi entrar en el cielo. Tú Señor hiciste sacar agua de la roca, y ahora baja pan del cielo, y codornices… esto significa que he de fiarme de ti siempre, y no ser rebelde, pues has demostrado hasta la saciedad que eres mi amigo, mi protector, mi padre y mi Dios. Y, sin embargo, yo dudo. Me olvido, me enfado, me quejo, me desespero. Si le confiamos nuestros problemas, Él nos ayudará, nos guiará como si nos llevara de la mano, como si nos llevara el manillar en la bici por lugares difíciles y con Él no nos caemos.

3. San Pablo escribe a los Efesios que no andemos como los que no creen en Jesús sino como habéis aprendido de Cristo: en “justicia y santidad verdaderas”. Es como vestirse de Jesús: que es un vestido salvador, como el que se viste de Superman o bien otro héroe, nuestro héroe es Cristo, con él ganamos todas las batallas… los antiguos cuando hacían teatro se vestían de animales o de máscaras de los personajes, pues eso, hay que vestirse de Jesús, de su modo de ser, de su fuerza salvadora… con la oración y la comunión.

A propósito de Jesús Vida nuestra, que nos da fuerza para luchar, quiero recordar el diálogo de un sacerdote, Maurice, alma gemela de Santa Teresita, ya próxima a morir. Él le escribía: -“ahora mi sueño es compartir con usted ‘el maná escondido’ que el Todopoderoso prometió dar ‘al vencedor’… si, mi alma es demasiado grande para apegarse a ningún consuelo de aquí abajo. Tiene que vivir por anticipado en el cielo, pues Jesús nos dijo: ‘donde está tu tesoro, allí está tu corazón’”.

Santa Teresita le contesta: -“Hace mucho tiempo que (Jesús) tiene olvidadas sus infidelidades, y sólo tiene presentes sus deseos de perfección para alegrar su corazón” (con todo ello se prueba al justo: para que aprenda a obedecer). Le va diciendo que Jesús nos acoge y que tengamos confianza con Él, que no vaya a los pies de Jesús con demasiado “respeto”, como el “niño educado” que no se atreve, demasiado formal, sino que “siga ese ‘primer impulso’ que lo lleva a sus brazos”, y le habla de esas llagas de Jesús, que nos dice: “fui herido en casa de mis amigos”; por eso, al recibirle en la Eucaristía, junto a pedir perdón, nos anima: “pedid sólo que se haga la voluntad de Dios”.

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