martes, 22 de febrero de 2011

7ª semana, lunes. «Toda sabiduría viene de Dios», por eso le rezamos: «Tus mandatos son fieles y seguros, la santidad es el adorno de tu casa»… «Teng

Eclesiástico 1,1-10: 1 Toda sabiduría viene del Señor, y con él está por siempre. 2 La arena de los mares, las gotas de la lluvia, los días de la eternidad, ¿quién los puede contar? 3 La altura del cielo, la anchura de la tierra, la profundidad del abismo, ¿quién los alcanzará? 4 Antes de todo estaba creada la Sabiduría, la inteligente prudencia desde la eternidad. 6 La raíz de la sabiduría ¿a quién fue revelada?, sus recursos, ¿quién los conoció? 8 Sólo uno hay sabio, en extremo temible, el que en su trono está sentado. 9 El Señor mismo la creó, la vio y la contó y la derramó sobre todas sus obras, 10 en toda carne conforme a su largueza, y se la dispensó a los que le aman.
Salmo 93: 1 - 2, 5 1 Reina Yahveh, de majestad vestido, Yahveh vestido, ceñido de poder, y el orbe está seguro, no vacila. 2 Desde el principio tu trono esta fijado, desde siempre existes tú. 5 Son veraces del todo tus dictámenes; la santidad es el ornato de tu Casa, oh Yahveh, por el curso de los días.
Marcos 9: 14 - 29 14 Al llegar donde los discípulos, vio a mucha gente que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos. 15 Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle. 16 El les preguntó: «¿De qué discutís con ellos?» 17 Uno de entre la gente le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo 18 y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espurnarajos, rechinar de dientes y le deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.» 19 El les responde: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!» 20 Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. 21 Entonces él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?» Le dijo: «Desde niño. 22 Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros.» 23 Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!» 24 Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!» 25 Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él.» 26 Y el espíritu salió dando gritos y agitándole con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto. 27 Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso en pie. 28 Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?» 29 Les dijo: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración.»
Comentario: 1.- Si 1, 1-10. Comenzamos hoy la lectura del libro del "Eclesiástico", así llamado por San Cipriano. Probablemente se debe esta designación al uso frecuente y oficial que de él se hacía en la Iglesia: El Eclesiástico ha sido, después de los Salmos, el libro del AT más usado en las lecturas litúrgicas. Fue escrito en hebreo hacia el año 190 a. JC. en Jerusalén, por Ben-Sirac, un judío culto y experimentado. Su obra parece recoger en parte sus enseñanzas de escuela. El escrito llegó a ser tan popular que un nieto del autor, emigrado a Egipto hacia el año 132 a. JC. se lo llevó consigo y lo tradujo al griego, en beneficio de cuantos no conocían el hebreo. Lo prologó, además, con una introducción de su puño y letra en la que hace los elogios del Libro, del autor y declara las razones que le indujeron a traducirlo. "Toda sabiduría viene de Dios y está con él eternamente". Es la primera frase del libro y la clave de todo lo restante. Ben Sirac posee un sólido "humanismo" que llama "sabiduría" que, a la vez, es inseparable de su fe. Según él, el éxito del hombre, el arte del bien vivir, procede de una correspondencia, de una sintonía, con la voluntad de Dios. "Uno solo es sabio, temible en extremo, está sentado en su trono". El autor va a explicar a modo de programa, que la sabiduría está indisolublemente ligada al temor de Dios. Temor de Dios significa para el autor el sentido religioso del hombre, el reconocimiento de su puesto dependiente de Dios, que incluye también el cumplimiento de sus mandatos. Es una actitud humana radical y total.
En las pasadas semanas hemos hecho un recorrido por las páginas iniciales de la Biblia. Profundas reflexiones sobre la naturaleza humana, el poder del mal y la grandeza de la misericordia divina nos han acompañado en esta ruta. El panorama cambia discretamente ahora cuando nos acercamos a uno de los más extensos libros de la Sagrada Escritura, un verdadero compendio de sabiduría, el Eclesiástico, también conocido como "Sabiduría de Ben –Sirá".
Los libros sapienciales -éste es el último del A T- son un género común a otras culturas vecinas, pero en manos de los sabios creyentes de Israel ciertamente ofrecen una sabiduría más rica y religiosa. El Eclesiástico o Sirácida es una serie de frases y pensamientos, dichos y refranes breves, que nos ayudan a mirar sabiamente las cosas, personas y acontecimientos de la vida. Como iremos viendo, la sabiduría de la que habla Ben Sira es uno mezcla de don de Dios, de fe, de sentido común y visión religiosa de la historia. Aparece personificada, capaz de amar y ser amada, de invitar a los hombres y de ser apetecida por ellos. El autor nos irá transmitiendo con amabilidad y buen sentido práctico las riquezas de su pensamiento y su experiencia humana y religiosa.
La sabiduría es la primera criatura de Dios: la empleó para crear el universo y la infundió en sus criaturas. Aparece, por tanto, en los libros sapienciales como un saber personificado, una especie de mediador entre Dios y el mundo. Al mismo tiempo es algo de que los seres vivientes participan, algo que les descubre desde dentro un orden "sabio" de obrar. El hombre que quiera honrar su título de "homo sapiens", es decir, el que desee ser "sensato" y proceder con acierto, ha de comenzar reconociendo el origen último de la sabiduría, que es el Señor; ha de recibirla como un don. Al ir madurando en esa sensatez, en esa manera de ser sabio según la Biblia, el hombre irá descubriendo que la sabiduría siempre está en Dios y cada vez en mayor participación en aquellos que le aman. Debemos empezar por reconocer que no tenemos esta sabiduría que viene de lo alto sino que solamente nos conducimos por nuestra sabiduría propia -nuestra experiencia personal- y por la sabiduría del mundo -las máximas y principios de este mundo-. Por eso Jesús se lamenta en el evangelio de hoy: "¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar?" Es el desahogo humano del corazón de Cristo ante la perversa obstinación de los hombres que se fían más de los sentidos que de la Palabra de Dios, que se conducen más por sus afectos humanos que por el querer de Dios. Es un aviso para que no caigamos en esa torpeza, en esa insensatez. Obrad con la sabiduría de Dios.
Abierto a las corrientes de ideas humanísticas procura el autor hacer una síntesis entre la cultura griega y las tradiciones religiosas recibidas de sus antepasados judíos. Ben Sirac tiene un pensamiento sólido y equilibrado. Es un testigo muy estimable de las costumbres y de la doctrina del judaísmo, inmediatamente anterior a la edad heroica de la persecución de los Macabeos. Ese libro nos presenta una descripción clásica del alma del judío piadoso ordinario que perdurará en tiempos de Cristo, más allá de las camarillas sectarias que oponían a fariseos y saduceos. En muchos de sus pasajes encontraremos ya algo del evangelio. -Toda sabiduría proviene del Señor y con él está por siempre. Es la primera frase del libro y la clave de todo lo restante. Ben Sirac posee un sólido humanismo que llama «sabiduría», que a la vez es inseparable de su fe. Según él, el éxito del hombre, el arte del bien vivir procede de una correspondencia con el pensamiento divino de Dios.
-Sólo uno es sabio y en extremo temible, el que está sentado en su trono: es el Señor Así «el temor de Dios» -que con frecuencia equivale al «amor de Dios»- es la fuente misma de la «sabiduría». Así, en filigrana, ¿no podríamos adivinar ya como un esbozo de la Encarnación? El Hombre perfecto será pronto aquél que es también la Sabiduría misma de Dios. Y en ese preludio de Ben Sirac percibimos como un anuncio del prólogo de san Juan: «Toda sabiduría proviene del Señor... «En el principio era el Verbo... «Con él está por siempre... «El Verbo estaba en Dios... «Sólo uno es sabio: el Señor... «Y el Verbo era Dios... (Juan 1, 1)
-El Señor creó la sabiduría, la midió y la derramó sobre todas sus obras, en todos los vivientes conforme a su largueza y la dispensó a los que le aman. «Todo fue hecho por El y nada se hizo sin El. En El estaba la vida y la vida es la luz de los hombres» (Juan 1, 3) «De su plenitud, todos hemos recibido.» (Juan 1, 16). Es una visión absolutamente optimista del hombre, fundada sobre la convicción de que Dios «derramó sobre todo ser viviente» algo de sí mismo, una participación de su sabiduría, de su Espíritu. ¿Estoy convencido de que «buscar a Dios» es también «crecer en humanidad»? ¿Qué importancia doy a la oración, a la contemplación de la Sabiduría de Dios en Sí mismo? ¿Estoy convencido, en consecuencia, de que «crecer en humanidad» es aproximarse a Dios? Todo esfuerzo de promoción, de verdadero humanismo, incluso si momentáneamente parece ignorar a Dios, va dirigido a la Sabiduría de Dios. ¿Qué importancia doy a la cultura humana, al esfuerzo moral, a la promoción válida de mis hermanos y mía? -La arena del mar, las gotas de la lluvia, los días de la eternidad, la altura del cielo, la extensión de la tierra, la profundidad del abismo... ¿Quién dirá su número, quien los explorará? Antes de todo estaba creada la Sabiduría, la inteligencia prudente... ¿Quién conoce sus recursos, sus finezas? Sabiduría. Inteligencia. Fineza. Ciencia... ¡Dones de Dios! (Noel Quesson).
2. El «temor de Dios» no quiere decir miedo, sino respeto, admiración y reconocimiento de la grandeza de Dios: o sea, una actitud de fe y obediencia. Sólo los creyentes pueden tener verdadera sabiduría como participación de la de Dios. Por eso el salmo nos hace cantar nuestra confianza en el Dios creador del mundo: «El Señor reina... así está firme el orbe y no vacila... tus mandatos son fieles Y seguros». En el mundo de hoy, ¿dónde encontrar la verdadera sabiduría? Nosotros lo sabemos: en la Palabra de Dios, que es Cristo mismo, a quien escuchamos día tras día como interpelación de Dios siempre nueva, sobre todo en la celebración de la misa. Dichoso el que tiene el secreto de esta sabiduría en su vida. Dichoso el que escucha esta Palabra, la asimila, la recuerda, la pone en práctica, construyendo sobre ella el edificio de su vida. Dichoso el que se deja enseñar por Cristo Jesús Maestro de sabiduría.
3.- Mc 9, 13-28. Jesús aparece de nuevo como más fuerte que el mal. Tiene la fuerza de Dios. Igual que en la montaña los tres discípulos han sido testigos de su gloria divina, ahora los demás presencian asombrados otra manifestación mesiánica: ha venido a librar al mundo de sus males, incluso de los demoníacos, de la enfermedad y de la muerte. Los verbos que emplea el evangelista son muy parecidos a los que empleará para la resurrección de Jesús: «Lo levantó y el niño se puso en pie» (en griego: «égueiren» y «anéste»). Nuestra lucha contra el mal, el mal que hay dentro de nosotros y el de los demás, sólo puede ser eficaz si se basa en la fuerza de Dios. Sólo puede suceder desde la fe y la oración, en unión con Cristo, el que libera al mundo de todo mal. No se trata de hacer gestos mágicos o de pronunciar palabras que tienen eficacia por sí solas. El que salva y el que libera es Dios. Y nosotros, sólo si nos mantenemos unidos a él por la oración. Esta es la lección que nos da hoy Jesús. Lo que pasa es que muchas veces nuestra fe es débil, como la del padre del muchacho y la de los discípulos. Por eso, puestos a hacer de «exorcistas» para Iiberar a otros de sus males, fracasamos estrepitosamente, como aquel día los apóstoles. Seguramente porque hemos confiado en nuestras propias fuerzas y nos hemos olvidado de apoyarnos en Dios. Cuando nos sentimos débiles en la fe y sumidos en dudas, porque no conseguimos lo que queremos en nuestra familia o en nuestras actividades de la comunidad, por ejemplo las relacionadas con los niños y los jóvenes, será la hora de gritar, como el padre del muchacho enfermo: «Tengo fe, pero dudo, ayúdame». En el sacramento del Bautismo hay una «oración de exorcismo» en que suplicamos a Dios que libere de todo mal al que se va a bautizar: «tú que has enviado tu Hijo al mundo para librarnos del dominio de Satanás, espíritu del mal»; «tú sabes que estos niños van a sentir las tentaciones del mundo seductor y van a tener que luchar contra los engaños del demonio... Arráncalos del poder de las tinieblas y, fortalecidos con la gracia de Cristo, guárdalos a lo largo del camino de la vida». En la guerra continua entre el bien y el mal Cristo se nos muestra como vencedor y nos invita a que, apoyados en él -con la oración y el ayuno, no con nuestras fuerzas- colaboremos a que esa victoria se extienda a todos también en nuestro tiempo.
El diálogo con el padre de este poseído es una de las perlas del evangelio. Jesús quiere que el hombre tome conciencia de su poca fe y su pedagogía consiste en empujarle a descubrir que, para aumentar la fe, hay que darse cuenta antes de que no se tiene. Aquí se nos habla de oración, en otros lugares Jesús añade el ayuno, que no sirve para hacer fuerza a Dios y que me la conceda, sino como signo muy elocuente de que solamente Dios sea mi alimento, de que solamente Dios puede saciar mi hambre. Significa que todo lo esperamos de Dios y no de los recursos humanos.
-Te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos y rechinar los dientes y se queda rígido... Muchas veces le arroja al fuego y al agua para hacerle perecer. Estos detalles hacen pensar en una epilepsia. Ya hemos dicho que los antiguos no tenían nuestros diagnósticos precisos... Atribuían a los "espíritus impuros" todo lo que ataca al hombre de un modo más espectacular. Por otra parte, la continuación del relato nos mostrará que este muchacho padecía un doble mal: una epilepsia y una presencia demoníaca. Jesús llevará a cabo esta curación en dos tiempos: hay primero un exorcismo que le libra del "espíritu impuro" y deja al muchacho como muerto; luego la curación definitiva, hecha más sencillamente a la manera de otras curaciones: Jesús lo tomó de la mano y lo levantó.
-Dije a tus discípulos que lo arrojasen, pero no han podido... Jesús tomó la palabra y les dijo: " ¡Generación incrédula!'; ¿Hasta cuándo tendré que soportaros? Este milagro parece haber sido relatado para poner en evidencia el contraste entre la impotencia de los discípulos y el poder de Jesús. Jesús manifiesta sufrimiento. Hay como un desánimo en estas palabras. Jesús se encuentra solo, incomprendido, despreciado. ¡Incluso sus discípulos no tienen fe! Y da la impresión de que tiene prisa por dejar esta compañía insoportable. Todo esto nos hace penetrar en el alma de Jesús. A fuerza de verle actuar como hombre, acabamos por encontrar muy natural que "Dios" se haya hecho "hombre". Y no acabamos de comprender en qué manera esta "encarnación" fue de hecho un anonadamiento, un encadenamiento, un "descenso: por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo". Es evidente que no deben entenderse estas palabras en sentido espacial. Pero sí que hubo momentos en los que, a Jesús, su "condición humana" debió serle terriblemente costosa, por los límites que le imponía, y por la promiscuidad que le deparaba. "¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros?
-"Todo le es posible al que cree" "Creo. Ayuda a mi incredulidad" Sí, es Fe lo que Jesús necesita. Es la Fe lo que pide a los que le rodean. Su gran sufrimiento es que en su entorno las gentes no creen y El sabe las maravillas que la Fe es capaz de hacer. El padre del muchacho intuye todo esto, y, a la invitación de Jesús, hace una admirable "profesión de Fe"... admirable porque está llena de modestia. "¡Sí, creo! Pero, Señor, ven a robustecer mi pobre fe, pues siento ¡que no creo todavía suficiente!
-¿Por qué no hemos podido echarle nosotros? "Esta especie no puede ser expulsada por ningún medio si no es por la oración. Poder de la FE = poder de la oración. Los apóstoles por sí mismos, humanamente son radicalmente incapaces de hacer un OBRA DIVINA: su poder les viene de Dios y encuentra su fuente en la oración.
-El espíritu impuro salió del muchacho dejándolo como un cadáver, de suerte que muchos decían: "Está muerto". Pero Jesús, tomándolo de la mano, le levantó y se mantuvo en pie. Este milagro tiene un tono pascual: muerte y resurrección. Esto evoca la impotencia radical del hombre, de la cual sólo Dios puede librarnos. La fatalidad última y esencial sólo puede ser vencida por Dios: ¡Únicamente la fe y la plegaria humilde pueden liberarnos de esta fatalidad y de este miedo! (Noel Quesson).
Nada impide que la acción del demonio concurra con otros malestares, sean ellos físicos, neurológicos o síquicos. Y ese parece ser el caso aquí. Curiosa esta "epilepsia" que "muchas veces" arroja al enfermo hacia el fuego o hacia el agua. ¿Ha oído usted de cosa semejante? Interesante esta "epilepsia" que se dispara en cuanto el muchacho "ve a Jesús". No negamos, pues, que haya habido una condición cerebral anómala en este joven, pero sí afirmamos que los síntomas mismos que la tradición nos ha dado permiten hablar de un origen más hondo y oscuro. Y lo importante es saber que también en esa hondonada oscura en que gruñe el demonio sabe desenvolverse Cristo, y dar salud y vida y alegría a cuantos creen en él. Y Jesús lo cura todo. Llucià Pou Sabaté

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