miércoles, 29 de diciembre de 2010

Jueves de la 3ª semana de Adviento. De la tribu de Judá nacerá Jesús, hijo de Dios. Su historia es nuestra historia

1.El Génesis (49,1-2.8-10) nos dice que “En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dijo: «Reuníos, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro; agrupaos y escuchadme, hijos de Jacob, oíd a vuestro padre Israel: A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, pondrás la mano sobre la cerviz de tus enemigos, se postrarán ante ti los hijos de tu padre. Judá es un león agazapado, has vuelto de hacer presa, hijo mío; se agacha y se tumba como león o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo? No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos.» De la saga de Judá viene Jesús, de su historia… es lo que leemos hoy, el carné de identidad de los judíos era leer la larga serie de quién eran hijos…
2. Salmo (71,1-2.3-4ab.7-8.17): “Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. Que los montes traigan paz, y los collados justicia; que él defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre. Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, el Gran Río al confín de la tierra. Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol; que él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra”, todo esto pasará cuando venga Jesús, el Rey de reyes, hijo de reyes, que traerá la justicia y florecerá todo lo bueno… es lo que anuncia este salmo: dará la bendición, y con él vendrán todas las cosas buenas para todas las razas.
3. Evangelio (Mateo 1,1-17): “Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés a Estón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia. Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquirn, Aquím a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce”. Entre las personas que leemos, hay algunas que no se portaron bien, y las cuatro mujeres fueron extranjeras, para los judíos pecadoras. Salomón nació de la mujer que David tomó de otro, etc. Son los renglones torcidos de Dios. Jesús quiso nacer de ellos. Esto da una lección de no aspirar a ser impecables, sino a que después de cada tropiezo haya una conversión, un acercamiento a amar más a Dios, con humildad, de manos de María, con la confesión si podemos, pues Dios olvida lo que hemos confesado y nosotros también haríamos bien en olvidarlo… Llucià Pou Sabaté

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