miércoles, 13 de febrero de 2013


cuaresma1Nota introductoria: La Cuaresma es como una novela, una historia que escribe Dios con nosotros, aquí tienes las pistas para escribirlas, las tienes en las lecturas de la Misa de estos días, en las oraciones de la Iglesia de este tiempo. ¿Cómo escribir esta historia que es la de mi vida? Al meditar estas cosas, piensa en Jesús y en tu vida, en la de los demás encontraré a Dios y en la de Dios la mía…

 “Cuaresma” quiere decir 40 días de Jesús en el desierto, antes de la vida pública; 40 años del pueblo de Israel caminando por el desierto, antes de poder entrar en la Tierra prometida; para nosotros, 40 días de preparación, que culminan en la Pascua, que quiere decir el paso de la muerte a la Vida, de las cosas viejas a las nuevas: la entrada a la Resurrección, simbolizada por la luz de la Vigilia pascual. Así como las ramas del almendro no puede contener la fuerza de la primavera, y brotan en un estallido de flores, también la fuerza contenida de la Cuaresma estalla en un vibrante Aleluya.

¿Qué es más importante, Navidad o Pascua? La tradición popular dice Navidad, con sus tradiciones; los teólogos que la Pascua: en el Libro del Amigo y del Amado, el Amor exploró la Sabiduría del Amigo y le preguntó: “-¿Es por la Encarnación o por la Redención como el Amado ha mostrado su amor?” Y el Amigo, perplejo, respondió: “-La Redención suprime la condenación y la Encarnación abre las puertas de la felicidad”. Pero esta respuesta lleva a una nueva pregunta: “-De estas pruebas de amor, cuál es la más grande?” En realidad, todo es el mismo amor divino. La Encarnación nos trae Dios, nos abre las puertas de la felicidad. La Pascua, con la Resurrección, nos lleva a Dios, es un amor que perdona y que olvida el pecado. Y por eso nos preparamos bien. Cuentan de una mujer que hablaba con Dios, y Dios hablaba con la mujer. Cada día la mujer hablaba con Dios, y Dios cada día hablaba con la mujer. Lo supo el obispo, y la mandó llamar: “-¿es verdad que hablas cada día con Dios?” –“Si, hablo con Dios”. Entonces el obispo le dijo: “-muy bien. Pues esta semana yo confesaré mis pecados a Dios, y después, cuando tú le hables haz el favor de pedirle que te explique mis pecados, y me vienes a contar qué te ha dicho, así sabré si es verdad o que no hablas con Dios”.

Al cabo de una semana, la buena mujer volvió a ver el obispo, y el obispo le preguntó: “-¿Has hablado con Dios?” –“Si”, contestó la mujer. “-¿Y le has pedido que te dijera mis pecados?” –“Si, se lo he pedido” –“¿Y qué te ha dicho Dios?” –“Que ya los había olvidado”.

La bondad y el amor de Dios permanecen para siempre... A veces miramos sólo las obligaciones y cosas desagradables, palabras muertas que no mueven: “¿Cuando llegará el momento que despreciaréis cualquier otro ritmo y no hablaréis sino con palabras vivas? Entonces seréis escuchados con entusiasmo y vuestras palabras misteriosas darán frutos de vida verdadera y desvelaréis entusiasmo” (Joan Maragall). Por esto debemos mirar este proceso extraordinario de mutua seducción entre Dios y el hombre, como recuerda el Papa en la carta de cuaresma (2010): es maravilloso lo que Jesús hace, por conquistar nuestro amor, puesto que “sólo el amor en el cual se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros”. Jesús se nos da totalmente, con aquella fuerza que “hace que los amantes no lo sean de si mismos, sino de aquellos a quienes aman”. Nosotros podemos corresponder y adentrarnos en esta dinámica del amor divino. Y no pensando sólo en el más allá, rechazando nuestra existencia actual, sino reavivándola con una verdadera pasión por la vida, es este amor divino que nos hace sentir y ver todo con una fuerza especial, con una “alegría de vivir” más auténtica.

MIÉRCOLES DE CENIZA: inauguramos un tiempo de entrenamiento para vencer contra las fuerzas del mal: con la capa de la caridad, la espada del sacrificio y la coraza de la oración
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará»  (Mt 6,1-6.16-18).

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1. ¿Qué es la cuaresma? Cuarenta días… ¿de qué? De Jesús en el desierto preparándose para su vida de predicar el Evangelio. “Ahora es tiempo favorable” para convertirnos, “ahora es día de salvación”. Jesús dijo que no hagamos las cosas “para ser vistos”, y nos habla de hacer limosna, rezar y ayunar. Jesús, enséñame esta ciencia de ayudar a los demás, de rezar y hacer sacrificios, sobre todo sacrificios que hagan felices a los demás: como sonreír, hacer las paces, pedir perdón… Mientras el mundo anda de Carnaval, con máscaras, la Iglesia nos anima a quitarnos la máscara del pecado y pedir perdón, y libres de toda culpa alabar a Dios con el corazón sincero.
Cuentan de un niño que se peleaba con una niña en una escuela de enseñanza infantil, y cuando la maestra le regañó se puso a llorar; entonces, ella le dijo: “no te preocupes, que no has sido tú sino el demonio quien te ha hecho hacer esto” y el niño, serio, contestó: “tirarle de la trenza quizá sí que ha sido el demonio pero escupirle a la cara ha sido idea mía”… reconocía sus faltas, era sincero.
La oración, sacrificio y limosna son las armas para vencer todas las fuerzas del mal, del demonio, como veremos el domingo con las tentaciones de Jesús que resumen todos los males. Con estas armas venceremos la batalla y cumpliremos la misión, como la Comunidad del Señor de los Anillos, aunque haya malicia en el mundo que quiera romper el mundo como en Avatar. Así pedimos a Dios "iniciar un camino de auténtica conversión para afrontar victoriosamente, con las armas de la penitencia, el combate contra el espíritu del mal".
Recibir la ceniza en nuestra cabeza, con la señal de la cruz, es quedar marcados, el otro día algún niño llevaba a bolígrafo marcas en la frente… no es un juego ni algo mágico, sino un signo religioso, de algo muy grande, de que Dios en nuestro interior nos ha dado el Espíritu Santo, y nos ha marcado como suyos, y escrito nuestros nombres en el libro de la Vida. Pero hemos de luchar con alegría para prepararnos para la Olimpiada en estos 40 días, para la Pascua. Por eso se nos dice: "Convertíos y creed el Evangelio" o también: "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás". Este día, los mayores de 14 años debemos hacer abstinencia de carne, como los demás viernes de cuaresma. Los que tenemos entre 18 y 59 años, ayuno. Es un día de penitencia, para que ayudemos a los demás (obras de misericordia) y para ello nos privemos de lo nuestro (por ejemplo dejando los juguetes o las cosas personales a los hermanos, sin tanto miedo a que nos las rompan). Como enseña San Josemaría Escrivá: “La penitencia está en saber compaginar tus obligaciones con Dios, con los demás y contigo mismo..., es tratar siempre con la máxima caridad a los otros, empezando por los tuyos. Es atender con la mayor delicadeza a los que sufran, a los enfermos, a los que padecen. Es contestar con paciencia a los cargantes e inoportunos... La penitencia consiste en soportar con buen humor las mil pequeñas contrariedades de la jornada; en no abandonar la ocupación, aunque de momento se te haya pasado la ilusión con que la comenzaste; en comer con agradecimiento lo que te sirven, sin importunar con caprichos. Penitencia para los padres y, en general para los que tienen una misión de gobierno o educativa, es corregir cuando hay que hacerlo, de acuerdo con la naturaleza del error y con las condiciones del que necesita esa ayuda, por encima de subjetivismos necios y sentimentales.”
Hemos de hacer “ayuno” sobre todo “del yo”. Si te fijas, los hombres estamos continuamente con el Yo en la boca: que si me han dicho, si siempre tengo que hacerlo yo, si me tienen manía, si era mío o para mí, que si yo he metido el gol, si yo le dije y entonces .... si me apetece a mí, qué pensarán de mí, ... y mil frases más que conjugan con distintos verbos el Yo, a Mí, Mío. Y hoy, miércoles de ceniza, la Iglesia nos recuerda: polvo eres y en polvo te convertirás. ¿Sabes qué quiere decir eso? Dios creó el cuerpo de Adán de la tierra, y nuestro cuerpo volverá a ser tierra con la muerte. Y nuestra alma volverá a Dios. La ceniza nos hace pensar en todo esto, y quitar las malas hierbas del egoísmo… la Virgen, la muy humilde, nos ayudará a concretar esas armas para la lucha.

2. El profeta Joel - después del exilio seguramente- cree llegado el momento de insistir en su llamamiento a la penitencia y a la conversión del corazón a través "del ayuno, llanto y luto". Lo que hay que rasgar son "los corazones y las vestiduras", por este orden. Nada nuevo añadirá el Nuevo Testamento a esta concepción de la penitencia. Jesús se hará eco de Joel cuando diga a sus discípulos: "Cuando ayunéis..."
El castigo de la plaga de langostas puede convertirse así en una bendición, palabra que incluye todo lo que el hombre puede desear, especialmente la vida y la abundancia de bienes: no faltará la lluvia en la siembra ni en primavera, época en que grana el trigo, «porque os dará la lluvia tardía con regularidad» testimonio de la fidelidad de Dios.
Cuando tuvimos la imposición de ceniza en el cole, los más pequeños querían que les “echara” agua bendita a ellos también. Eso dice el salmo: “limpia mi pecado. Rocíame con el hisopo y quedaré limpio; lávame y quedaré más blanco que la nieve. Hazme oír el gozo y la alegría… Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa». Hazme sentirme limpio. Hazme sentirme perdonado, aceptado, querido. Si mi pecado ha sido contra ti, mi reconciliación ha de venir de ti. Dame tu paz, tu pureza y tu firmeza. Dame tu Espíritu, que vea ante el espejo de la verdad. Mata, Dios mío, el gusano de mal que hay en mí; / haz de mí mariposa de tu agrado, / y que pueda volar con libertad / en nuevo paraíso. / Transforma, oh Dios, la fiera que hay en mí; / conviérteme en la persona que Tú sueñas: / sensible, generosa, solidaria, / lléna mi corazón de santo Espíritu... / y te cantaré mi amor (Caritas).
3. "Cristo murió por todos". La muerte de Cristo tenga ese carácter vicario y supletorio, y nos atrae a la salvación "aquel que por ellos murió y resucitó". Vencedor pionero de la muerte, pues "si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe estaría vacía" (1 Cor 15,14), nos invita a vivir lo nuevo: "Si alguno está en Cristo, nueva criatura es". Es la novedad de la vida en Cristo: "Para el que está en Cristo aparece una creación nueva; se destruyen las cosas viejas, todas las cosas se renuevan".
Para ello, se nos invita a hacer el itinerario de la reconciliación, con Cristo, "que no conociendo pecado, Dios lo hizo pecado para que en él llegáramos nosotros a ser justicia de Dios".
Llucià Pou Sabaté

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