lunes, 16 de julio de 2012


Martes de la semana 15 de tiempo ordinario

Meditaciones de la semana
en Word y en PDB
Dios nos pide fidelidad, escucha la voz del pobre y del oprimido y en cambio deja hundir al orgulloso para que venza su ignorancia y se salve
“En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde habla hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: -«¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrian convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti» (Mateo 10,20-24).
1. Te vemos, Jesús, proclamar tu Reino, nos dices que hay que saber tomar partido "por" o "contra". –“Se puso entonces a recriminar a las ciudades, donde había hecho casi todos sus milagros, por no haberse convertido”. Nos dices que la vida humana no es un "juego", es algo muy serio; donde tiene lugar un juicio: nuestras vidas cotidianas son: -o una correspondencia a Dios... -o un rechazo de Dios... En todo momento nuestros actos son una elección "por o contra" Dios. Nos haces pensar en la voluntad de Dios sobre nosotros, en correspondencia a la gracia. Señor, ¿qué esperas HOY de mí?
-"¡Ay de ti, Corozain, ay de ti Betsaida". Este “contrapunto” a las "bienaventuranzas" nos ayuda a reflexionar, Jesús, en contraposición al "Bendita tú eres, María..." "Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios..." "Bienaventurados los pobres de corazón, los humildes, los mansos, los limpios de corazón..." Las ciudades a orillas del lago de Tiberiades, las que más ocasiones tuvieron de oír a Jesús y de ver sus milagros tenían que haber respondido mejor a las gracias que Jesús les ofrecía. Y ello hubiera sido su felicidad. Pero, por el contrario, se hundieron con el rechazo y la desgracia. "Malditos los que no escuchan la Palabra de Dios..." "Maldito eres tú, si no sabes estar atento a los acontecimientos en los que Dios te da un signo y quiere hablarte..." ¿Soy yo quizá uno de esos "privilegiados", que han tenido la suerte de oír muchas veces a Jesús? ¿Acepto seriamente esta responsabilidad? ¿Qué gracias particulares he recibido?, ¿qué buenas ocasiones se me han presentado? ¿A qué me compromete todo ello?
-“Porque si Tiro, Sidón, Sodoma y Gomorra... hubieran recibido los mismos beneficios que tú... hace tiempo, que se habrían arrepentido... El día del juicio habrá menos rigor para ellas que para ti”... Las ciudades judías de la orilla del lago -Corozain, Betsaida- son comparadas a las ciudades paganas del norte y del sur -Tiro, Sidón, Sodoma, Gomorra-. Esas ciudades, en tiempo de Jesús, eran el símbolo del desenfreno, del orgullo. Ahora bien, Jesús anuncia que su castigo será menos riguroso que el de las ciudades que han recibido el evangelio. Sí, porque, como entre nosotros, en la inmoralidad y el mal que pueden hacer los que no conocen a Jesús, hay mucha ignorancia (Noel Quesson).
Los talentos que tenemos son recibidos, son, a la vez, don y compromiso. Cuanto más ha recibido uno, más tiene que dar. Nosotros somos verdaderamente ricos en gracias de Dios, por la formación, la fe, los sacramentos, la comunidad cristiana.¿De veras nos hemos «convertido» a Jesús, o sea, nos hemos vuelto totalmente a él, y hemos organizado nuestra vida según su proyecto de vida? ¿O, tal vez, otras muchas personas, si hubieran sido tan privilegiadas en gracias como nosotros, le hubieran respondido mejor? (J. Aldazábal).
2. Isaías (7,1-9) nos cuenta: -“En tiempo de Ajaz, rey de Judá. El rey de Siria, Rasón, de acuerdo con el rey de Samaria, subió a Jerusalén para asaltarla. Cuando en el palacio del rey se supo que el ejército sirio acampaba con Efraím, se estremeció el corazón del rey y el de su pueblo, como se estremecen los árboles por el viento”. ¡Es la guerra! En el año 735 a. C. Jerusalén está cercada por los ejércitos que acampan a pocos kilómetros antes de dar el asalto definitivo. El enloquecimiento es general. El mismo Ajaz en un alocado gesto de desesperación ha ofrecido en holocausto su propio hijo al abominable dios Moloch (II Reyes,16-3).
-“El Señor dijo a Isaías: "Ve al encuentro de Ajaz, al final del acueducto de la alberca superior, por la calzada del campo del Batanero..."” El profeta tiene una misión, anunciar: -“Ten calma, no temas ni desmaye tu corazón por ese par de tizones humeantes, el rey de Siria y el de Samaria”. Ante el peligro de caída de una civilización, la fe lleva a tener una visión sobrenatural. ¿Sé yo escuchar a Dios que también me habla a mí; a través de todo lo que sucede, especialmente a través de las situaciones colectivas que afectan a un gran número de personas? Este es un punto de examen de hoy: procurar escuchar lo que Dios dice en pleno centro de los acontecimientos.
-“Ve a encontrar a Ajaz con tu hijo «Sear yasub» -que significa: «Un resto volverá»”. Ese hijito con el que Isaías va a encontrar al rey, que acaba de matar al suyo, lleva un nombre de esperanza. ¡No! el futuro de la nación no es un callejón sin salida, pues si la población de Jerusalén fuere deportada, «un pequeño resto regresará». El “resto de Israel” será profético de la Iglesia, en una historia no exenta de enemigos.
La fe desnuda nos lleva no al éxito mundano, sino a la esperanza en un Dios que sigue presente en el seno mismo de los fracasos. Un pequeño resto regresará. Ese tema del «pequeño resto» pasará a ser un verdadero leit motiv de la Biblia: es la lucecita invencible que subsiste en los días tenebrosos, y la clave es la fe: -“Si no creéis firmemente en Mí, no subsistiréis”.
3. El salmo insiste en esta confianza, basada en el amor que Dios tiene a Jerusalén: «Dios ha fundado su ciudad para siempre, su monte santo, una altura hermosa, alegría de toda la tierra... Los reyes se aliaron para atacarla juntos, pero huyeron despavoridos».
Por esta vez, Dios ahorra a su pueblo la catástrofe nacional que ya se ve en el horizonte. Nos irían mucho mejor las cosas, tanto en la Iglesia como en la sociedad, y en cada familia y comunidad, si fuéramos más fieles a Dios y sus caminos.
No es que cada desgracia sea castigo del pecado, o cada éxito, premio a la virtud. Pero nosotros mismos nos vamos construyendo un futuro bueno o malo según qué caminos seguimos. El que siembra vientos recoge tempestades. El mal que hacemos tiene siempre consecuencias. ¿Cómo podrá ser estable un edificio -nuestra vida- si lo construimos basándonos en el interés o la falsedad?
La fidelidad a Dios será el centro de nuestras miras, que abarcan también los medios humanos para hacer las cosas con la inteligencia, pues parte de la providencia divina es nuestra capacidad de provisión.
Llucià Pou Sabaté
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