lunes, 22 de octubre de 2012


Semana XXIX, lunes (par): Jesús nos lleva a tener confianza en la gracia de Dios y no idolatrar el dinero
“En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: -«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.» Él le contestó: -«Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?» Y dijo a la gente: -«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.» Y les propuso una parábola: -«Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios»” (Lucas 12,13-21).   
1. Uno le pidió a Jesús: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". El derecho de sucesión estaba regido, como siempre en Israel, por la ley de Moisés. Pero se solía pedir a los rabinos que hicieran arbitrajes y dictámenes periciales. En este caso una persona va a Jesús para que influya sobre su hermano injusto.
-Le contestó Jesús: "¿Quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?" Jesús, no quieres mandar sobre cosas temporales. Así aprende la Iglesia, como nos dice en su último concilio: "Es de suma importancia distinguir claramente entre las responsabilidades que los fieles, ya individualmente considerados, ya asociados, asumen, de acuerdo con su conciencia cristiana... y de los actos que ponen en nombre de la Iglesia en comunión con sus Pastores... La Iglesia no está ligada a ningún sistema político" (G. S. 76). "Que los cristianos esperen de los sacerdotes la luz y el impulso espiritual, pero no piensen que sus pastores vayan a estar siempre en condiciones de tal competencia que hayan de tener al alcance una solución concreta e inmediata por cada problema, aun grave, que se les presente" (G. S. 43).
Jesús no quiere responder a un problema entre hermanos causado por dinero de una herencia. Me gustaría que lo hubieras hecho, Señor, y que hubieras dicho algo sobre cómo comportarse en esos casos, pues veo que en muchas familias los hermanos se pelean por causa de la herencia.
Prefieres dar unas normas generales que guíen nuestras acciones, sin entrar en la casuística. En esta línea, la Iglesia también dice una palabra muchas veces sobre doctrina social. No quiere eliminar la libre discusión de los problemas del mundo, sino dar puntos de referencia morales para poder dar una orientación justa a esos problemas. La solución será diversa, dependiendo de esa libertad de actuación de cada uno según su modo de aplicar la doctrina, y criterios de actuación, con discernimiento personal.
Jesús, hoy me hablas de uno de los pecados capitales: la avaricia, que va contra el décimo mandamiento: «El décimo mandamiento prohíbe la avaricia y el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos. Prohíbe el deseo desordenado nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y de su poder. Prohíbe también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual se dañaría al prójimo en sus bienes temporales» (Catecismo 2536).
Tu consejo, Señor, es claro: «guardaos de toda avaricia». El avaro nunca se contenta con lo que tiene, porque, en el fondo, su principal fin está en la posesión de riqueza material. Y como es un fin que no llena, el avaro pierde absurdamente su vida en una continua búsqueda por acaparar dinero y poder.
Jesús, yo también he de luchar contra la avaricia. Y por eso hago examen y me pregunto: ¿Sé dejar a otros lo mío cuando lo necesitan? ¿Me creo necesidades por lujo, capricho, vanidad, comodidad, etc.? ¿Dónde tengo puesto el corazón, en Dios y los demás, o en las cosas materiales? O lucho por despegarlo de las cosas materiales, o acabaré siendo avaricioso (Pablo Cardona).
-“Luego, dirigiéndose Jesús a la multitud dijo: "Cuidado, guardaos de toda codicia porque la vida de una persona, aunque ande en la abundancia, no depende de sus riquezas”.  Jueces y magistrados que hagan la aplicación al caso concreto, pero tú, Señor, nos vas a dar una parábola para ilustrarnos:
-"Un hombre rico... cuyas tierras dieron una gran cosecha... decidió derribar sus graneros y construir otros más grandes para almacenar más grano y provisiones. Se dijo: "Tienes reservas abundantes para muchos años. Descansa. Come. Bebe. Date la buena vida". Pero Dios le dijo: "Estás loco: Esta misma noche te van a reclamar la vida". Hay una parábola de Antonio Machado que dice: “Érase de un marinero / que hizo un jardín junto al mar / y se metió a jardinero. // Estaba el jardín en flor / y el marinero se fue / por esos mares de Dios”. Se aplica a otra cosa, pero veo que también nos puede servir para pensar que tenemos muchas ilusiones que nos hacen felices, pero cuando aquellos planes se hacen realidad, ya no nos gustan. Esto se me ocurrió viendo la exposición de Sorolla en la Alhambra, sobre la luz. Son cuadros preciosos de cipreses y jardines. Se ven los bocetos que el pintor hace para su jardín en su casa de Madrid, dos proyectos sucesivos, tomando elementos de Granada, y de esculturas clásicas, etc. En la sala de esos bocetos, aparecen estos versos de Juan Ramón Jiménez: “Mariposa de luz, la belleza se va cuando yo llego a su rosa. / Corro, ciego, tras ella...  La medio cojo aquí y allá... ¡Solo queda en mi mano la forma de su huida!” Se puede aplicar a la luz que se nos escapa, que cuesta apresar en un cuadro. Así también el encanto de lo que deseamos se escapa muchas veces en la realización de esos proyectos que nos movían, la visión que nos mueve al deseo queda luego como frustrada, pensando: “¿sólo era eso?”. Proyectamos cosas, que cuando tenemos no nos satisfacen, como nos ilusionaba el proyecto de esas mismas cosas. Poco disfrutó Sorolla de los jardines de esa casa preciosa, pues al final de ese decenio de sus bocetos, en 1920 tuvo una hemiplejia y murió a los tres años. Pensé en esos deseos que nos mueven hacia algo más allá de lo tangible, nos transportan siempre más allá…
Recuerdo de pequeño la imagen del burro, al que oía con frecuencia pues era de un vecino que hacía cestos. Me gustaba subirme a él, tenía un encanto especial y oía con satisfacción sus rebuznos, que procuraba imitar. Me sorprendió ver en los tebeos la imagen del burro que va con una zanahoria “a cuestas”, se la ponen delante de los ojos para que vaya adelante, siempre adelante... ahora pienso que nosotros pasamos toda nuestra vida siguiendo zanahorias de metas y de propósitos, y al rebuscar en la memoria encontramos que lo que nos prometía la imaginación no era lo que nos dio la realidad: nos planteábamos “consigue esto y serás feliz”... y a veces no conseguimos aquello, pero otras muchas sí, y a pesar de conseguir estos objetivos no tenemos aquella “felicidad ...”
Esto lleva a veces a una frustración o desengaño, sobre todo cuando se han puesto muchas ansias en alcanzar a cualquier costo aquel objetivo, sacrificando cosas que luego vemos que eran más importantes, y nos acordamos que en el fondo no buscaba eso, ni aquello… algo se nos ha escapado… la mariposa se fue… con el ganar, el beneficio, la meta. Hay metas nobles, para el perfeccionamiento personal y el bien social, y es difícil mantener el equilibrio de ver qué es “medios" y qué es “fin”. Sabemos que la frustración genera formas de marginación como drogas, homicidios, etc. El alma del hombre es infinita y los anhelos de algo grande no pueden satisfacerse con lo limitado, con lo material. Dios es infinito.
Ayúdame, Jesús, a guardarme de toda avaricia, y a tener libre el corazón para ser más generoso con los demás y con Dios, a seguir el consejo de san Pablo: "Buscad las cosas de arriba".
-“Eso le pasa al que amontona riquezas "para sí" y no es rico "para Dios"”. El uso que hacemos del dinero lo cambia todo: quien lo usa "para sí", está loco, quien lo usa "para Dios", es un sabio. Fórmula lapidaria que condena cualquier egoísmo, cualquier esclavitud del dinero (Noel Quesson).
2. San Pablo nos habla de la ayuda divina: “Por gracia”... que perfecciona la naturaleza. "La naturaleza", es el hombre en sus fuerzas humanas, «la gracia», es el hombre elevado por la potencia divina, el hombre-con-Dios:
-“Estabais destinados a la muerte como consecuencia de vuestras faltas. Vivisteis en pecado según el proceder de este mundo, según el príncipe de los demonios, ese «espíritu» que prosigue su obra en los rebeldes”. Los poderes del mal…
-“Todos nosotros hemos sido también rebeldes en otro tiempo, vivíamos según las tendencias egoístas de la carne, esclavos de sus caprichos y de los malos pensamientos y así, por naturaleza, estábamos destinados a la cólera como los demás”. La "naturaleza" humana es frágil y también desordenada y culpable. Siempre puede el hombre volverse hacia sí mismo y no hacia otro... tiende a satisfacerse egoístamente en lugar de amar... Ayúdanos, Señor, a saber detectar el egoísmo escondido, el amor propio hábilmente disfrazado, que impregna, inconscientemente a veces, nuestros mejores actos. Haznos lúcidos respecto al mal que nos envenena y hace sufrir a los que viven con nosotros. Ayúdanos a "reconocer que somos pecadores".
-“Dios es rico en misericordia. Por el gran amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestras faltas, nos vivificó juntamente con Cristo: ¡Es ciertamente por gracia que habéis sido salvados!” Por el amor de Dios en Jesús, ¡los hombres hemos sido salvados!
 -“Con El nos resucitó... Con El nos hizo sentar en los cielos... «En» Cristo Jesús… Y esto no proviene de vosotros; es un don de Dios: que nadie se engañe”. Hemos “ascendido” con Jesús, «con El y en El», ofrecemos la Misa con nuestras vidas, ya redimidas (Noel Quesson).
3. “Aclama la tierra” a Dios, con el salmista, y nos anima a servir “al Señor con alegría”, a ser suyos y dar gracias y bendecir su nombre.
Llucià Pou Sabaté  

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