sábado, 7 de marzo de 2009

Perdonar y no olvidar

Perdonar y no olvidar
¿Hay que olvidar las ofensas que nos hacen, o no? Sí, en el sentido de
no  guardar rencor, primero porque es perjudicial para uno mismo, y
segundo porque el perdón es transformar la ofensa en compasión. Sin
embargo,  no podemos olvidar haciendo desaparecer de la memoria
aquello. Además, no olvidar es creativo... y la memoria constituye
nuestra identidad… y cada recuerdo es un escalón más hacia la madurez.
Perdonar es superar la ofensa y poder recordar sin rencor. El perdón
no requiere olvido. Además, no se puede controlar la memoria con la
inteligencia, es una facultad espiritual distinta que obra
independientemente de nuestra voluntad y de la inteligencia. La prueba
es que, de hecho, a veces uno quisiera recordar algo y no puede; y
otras veces desearía olvidar ciertas cosas y no lo logra. Se trata,
como hemos dicho, de recordar un suceso sin faltar al amor: al
recordar lo que nos dolió, recordemos al mismo tiempo cómo Jesús
reacciona ante las ofensas, y oremos con él como en la cruz.
Además, hay que procurar establecer puentes mientras hay vida –que no
la tendremos siempre: lo trágico es que, en el trance final antes de
la muerte, haya enemistades pendientes. Es mejor que aquí y ahora
hagamos las paces, pues no sabemos si luego habrá una ocasión de
perdonar… En cualquier caso, hay que amar ahora que hay tiempo, la
muerte nos podría quitar esa oportunidad. Recordar la ofensa puede
convertirse en crecimiento interior para el ofendido: es humildad que
cura la soberbia, caridad que elimina toda envidia... y se deja de
sentir dolor. Si perdono vivo feliz y, si recuerdo, el recuerdo no me
duele, no me afecta porque pude perdonar y los recuerdos vienen a mi
memoria sin dolor, sin perturbación, sin sufrir el desgaste interior
propio de quien guarda un doloroso rencor. "Perdonar no sólo tiene
como beneficio el crecimiento interior, sino que también trae consigo
una gran paz en quien lo practica. Perdonar es un ejercicio de las
virtudes, porque para perdonar se necesita de caridad, humildad,
paciencia, prudencia, fortaleza, amor… Perdonar es la manifestación de
un corazón puro como consecuencia de una vida virtuosa. El perdón es
una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos
más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás
en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió" (Madre Teresa de
Calcuta). Cuando perdonamos, reconocemos el valor intrínseco de la
otra persona (elperdoncatolico.com). Al perdonar te liberas a ti mismo
y, si después de perdonar a una persona quieres seguir tratándola,
pues adelante! Si,  por el contrario, prefieres que sea un trato más
alejado, ¡pues también! La gracia está en no estar amargado, ni desear
el mal a esa persona. Se trata de amarla… (Dr. Bernie  Siegel).
Olvidar es un método erróneo de conseguir paz de espíritu. Cuando se
hace bien, es como la amnesia. Lo que ocurre es que, lo que olvidamos,
no necesariamente desaparece. Si entierras algo en el patio trasero,
lo único que consigues es que no se vea. Las cosas que olvidamos
quedan enterradas bajo el consciente, pero viven bajo la superficie y
se manifiestan en nuestros sentimientos y actividades. Aparecen en los
sueños y en los dibujos que hacemos y siguen formando parte de
nuestras vidas.
El perdón conlleva dar amor. Es una manera de decir: «Voy a prescindir
de tus malas acciones, no voy a amargarme y voy a seguir queriéndote
de todos modos». Me dijo un amigo, cuando le pedí perdón por una cosa
de hacía mucho tiempo, por una injusticia en la que veía que yo
también fallé: "¿te das cuenta de que acabas de cambiar la historia?"
Me hizo pensar, es como un volver a escribir aquello de una forma
mejor. Recuerda que el perdón no sólo tiene que darse en la relación
con los demás sino también en la relación con uno mismo. Además, "a
perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos
necesitado que nos perdonen mucho" (Jacinto Benavente). Menos mal que
"Dios me perdonará, es su oficio" (Heinrich Heine).
Llucià Pou Sabaté

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